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Trote Cochinero (Charlis, Klarin, Uxama, Enrique).

Rutas montañeras

Sierra del Espaldar-Pico de la Miel (La Cabrera)

Si quieres ver el perfil de la ruta o descargarla para verla en Google Maps o Google Earth(3D) pincha aqui

Esta es una ruta circular de aproximadamente 12 km, con una dificultad media. Nos permite visitar la Sierra del Espaldar, en la vertiente norte de la Pedriza de la Cabrera,culminado la ruta en la cima del Pico de la Miel (1392 m).

Sierra del Espaldar-Pico de la Miel (La Cabrera)

 15 de Febrero de 2009

 Crónica del Trotinero Porteño enviado especial al Pico de la Miel.

Había quedado con mis compañeros de trabajo, esta vez ni Fernando ni Alberto venían conmigo, a las 9 de la mañana en un bar a la entrada de la Cabrera, en un luminoso día de marzo que ya presagiaba la cercana primavera. Mis compis, grandes escaladores iban a emplear el día escalando el Pico de la Miel por la pared sur, pero una compañera de trabajo y yo íbamos a hacer una pequeña marcha por la Sierra del Espaldar, culminando en la cima del Pico por la cara norte. Esta vez no me acompañaban ni Fernando ni Alberto, pero puedo asegurar que estuve muy bien acompañado por mi compañera Cristina, y además era bastante más agraciada que el resto de los Trotineros, lo que si se me permite ser sincero hizo que no les echara de menos, ¡es lo que tiene la belleza!. A las 9’40h, Cristina y yo dejamos a los escaladores terminando de desayunar y esperando a más gente y cogimos el coche para hacer los últimos kilómetros hasta donde empieza la pista forestal que íbamos a seguir, quedando con los escaladores en la cima del Pico.

 

Dejamos el coche al inicio de la pista y comenzamos a andar. El día era esplendido, con una temperatura ideal, y rodeado de pinos y con una muy leve subida nos íbamos acercando a la Sierra del Espaldar. Como habíamos tenido nieve hasta hace muy poco tiempo encontramos gran cantidad de regatos de agua proveniente del deshielo y que nos hacían todavía más agradable el paseo. Cristina observo que nos encontramos con una gran cantidad de restos de grandes hogueras y  que fueron el primer "misterio" del día ¿a qué se podrían deber?. Seguimos la pista hasta que divisamos la vía de tren, momento en el que la ruta deja la pista que seguíamos y torciendo a mano izquierda, la subida se tornó más dura y los pinos desaparecieron dejando un paisaje más árido y que nos permitía ver las cimas de la Sierra. Como la subida era más fuerte el ritmo bajo un poco, y tras unos dos horas de marcha hicimos el primer descanso para reponer fuerzas y comern sándwich. Buscamos un sitio, encontrado un bonito lugar que era una especia de terraza formada por piedras de caprichosas formas, y con un 18 en la más alta de ellas: el segundo misterio, nos permitieron descansar y reponer energías con una gran vista.

 

 

 

 

Retomamos la marcha por la pista y ya fuimos capaces de divisar la cima pedregosa por la cara norte del Pico de la Miel. La cuesta seguía siendo fuerte, pero llegó un momento en que la pista culmina y comienza a descender, con un pino derribado, quizás por el viento, encima del camino un poco más abajo. En este punto dejamos el camino, y campo a través y llaneando o con suaves subidas nos dirigimos al Pico, que veíamos a nuestro frente. Aquí el paisaje era el de una verdadera Pedriza, y la vegetación predominante son las jaras, que con el calor del día empezaban a "sudar" para serles fiel al calificativo de su nombre y convertirse en pringosas. Nuestra dirección era clara y la marcaba el Pico de la Miel, pero como ya he comentado íbamos campo a través entre el jaral y pisando un mar de hierbas ya amarillas y que estaban inclinadas contra el suelo como si hubiera pasado una apisonadora, otro misterio, preguntándonos si era efecto del viento. Yo iba un poco preocupado, puesto que estábamos atravesando un jaral que nos llegaba casi a medio pecho y aunque yo iba con pantalones largos, Cristina llevaba pantalones cortos y estaba recibiendo directamente en la piel el roce de todas plantas, incluida alguna que otra zarza, que ocultaba el jaral, pero era una "machota" y no se quejaba. En la subida hacia la base del Pico nos encontramos con dos viejas excavadoras abandonadas, y que según parece se encuentra allí desde un gran incendio forestal ocurrido hace unos años.

Llegamos a la base del Pico y arriba divisábamos gente, lo que nos hizo suponer que eran los compañeros que estaban escalando por la pared Sur. Por el lado norte el Pico esta compuesto por grandes rocas lo que hizo que en algunas ocasiones tuviéramos que echar manos a tierra para poder trepar por las piedras. Como a los dos terceras partes de la subida nos encontramos con una familia que estaba descansado y que había subido con unos niños pequeños por un collado muy estrecho y vertical, casi un pasillo, estaba intentando encontrar bajar por una zona un poco más "cómoda". La subida desde este punto hasta el Pico se hace por unas grandes de losas, pero con la inclinación necesaria para poder subir de pie, aunque con precaución debido a la posibilidad de resbalar por la losa.

Unas tres horas y cuarto después de haber comenzado a andar llegamos a la cima, concretamente al vértice geodésico que en ella se encuentra, pero un poco desilusionados puesto que la gente que allí se encontraba no eran nuestros compañeros escaladores, eran excursionistas como nosotros. Desde el Pico las vistas son espectaculares, y más en un día luminoso y despejado como éste: a un lado el final de la Cuerda Larga, al otro el embalse del Atazar, de frente el pueblo de la Cabrera y de espaldas se divisaba Somosierra. Tras las fotos de rigor, bajamos escasamente un par de metros para colocarnos en una terraza que domina la pared sur para ver si veíamos a los compis. Yo tengo mucho vértigo, pero Cristina se logro acercar mucho al borde de la terraza, fotografiando incluso a un escalador, desafortunadamente no era ninguno de los nuestros, que estaba montando una reunión a unos pocos metros de la cima.

 

 

 

 

 

 

 

 Tras permanece en el Pico cerca de 30 minutos, comenzamos el descenso. Deshicimos la subida al Pico que habíamos hecho y seguimos de bajada una senda marcada con hitos que a gran velocidad nos hacía perder altura. Esta senda se desviaba a la derecha, pero nuestra ruta nos hacía ir más hacia el frente, por lo que dejamos la senda y otra vez nos tuvimos que internar campo a través. Esta vez la "jarada" fue mayor que a la subida, y aunque sabíamos el rumbo que teníamos que seguir, lo intrincado de la vegetación nos hacía dudar de hacía donde teníamos que ir, y Cristina con pantalones cortos ¡uff!. Por fin salimos del jaral, y completamente pringados llegamos al camino que estabamos buscando. Como ya he comentado la bajada es bastante fuerte, pero al ser un un camino no muy pedregoso se hacía con bastante facilidad. Aunque es mediodía, sobre las 2 y media, y el sol luce en todo lo alto, gracias una ligera brisa la sensación es muy agradable.  En la bajada se pasa al lado de un deposito de agua, y unos metros más abajo, y rodeados nuevamente de pinos tomamos la pista que habiamos tomado por la mañana y que nos llevo directamente al coche 12 Km. y 5 horas después de haber comenzado. Fue una marcha muy agradable, tanto por la compañía como por el paisaje, con el "orgullo" de hacer una cumbre, bastante aconsejable, aunque en vista del paisaje, sobre todo en cotas altas, en verano puede ser un poco dura debido a su aridez.

 

 

Juan Carlos (Charlis) El Trotinero Porteño

21 de marzo de 2009

 

Pontón de la Oliva (Patones)

14 de febrero de 2009

Presentación fotográfica del día

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Esta es una ruta de ida y vuelta de aproximadamente 17 km, con una dificultad baja, pues a penas tiene desniveles. Discurre siguiendo los meandros de Lozoya desde la presa del Ponton de la Oliva hasta la presa de la Parra, casi a los pies de la presa del Atazar, a la que desafortunadamente no se puede llegar desde aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

Menu caminero

Pulsa sobre cada una de las fotos para mostrar la descripción de la ruta

Pelegrina - Cañon del rio Dulce

Pelegrina la Cabrera -Aragosa

La Maliciosa desde la Barranca

Pelegrina - Cañon del rio Dulce

Pelegrina la Cabrera -Aragosa

La Maliciosa desde la Barranca

Peñalara, los Claveles y Laguna de los Pájaros

Cascada del Purgatorio

Pantano de Picadas

Peñalara, los Claveles y Laguna de los Pájaros

Cascada del Purgatorio

Pantano de Picadas

Cercedilla-Pto Navacerrada-La Maliciosa

Canto Cochino-Collado de la Dehesilla- El Yelmo

Subida al Yelmo desde Canto Cochino

Cercedilla-Pto Navacerrada-La Maliciosa Canto Cochino-Collado de la Dehesilla- El Yelmo Subida al Yelmo desde Canto Cochino

Subida a Abantos desde El Escorial

Paseo con nieve por Cotos

Plaza Castilla - Tres Cantos

  Subida a Abantos desde El Escorial   Paseo con nieve por Cotos   Plaza Castilla - Tres Cantos

Manzanares - Cercedilla

Pontón de la Oliva (Patones)

El Espaldar-Pico de la Miel

  Manzanares - Cercedilla   Pontón de la Oliva (Patones)   El Espaldar-Pico de la Miel

Taballon del Mongallu-PN de Redes

Cañon de los Arrudos-PN de Redes

Cercedilla - Segovia

  Taballon del Mongallu-PN de Redes   Cañon de los Arrudos-PN de Redes   Cercedilla - Segovia (Estación del AVE)

Tras las fuentes del Manzanares

Segovia - Coca

Coca - Puente Duero

Tras las fuentes del Manzanares

Segovia - Coca

Coca - Puente Duero

El Paular - Mirador los Robledos

Silla del Rey - Arroyo Carneros

Puente Duero - Medina de Rioseco

El Paular - Mirador los Robledos

Silla del Rey - Arroyo Carneros (La Granja)

Puente Duero - Medina de Rioseco

Morata de Tajuña - Orusco

El Tranco-La Gran Cañada-El Yelmo

Ambite - Mondejar

Morata de Tajuña- Orusco

El Tranco-La Gran Cañada-El Yelmo

Ambite - Mondejar

Medina Rioseco - Sahagún

Las Merindades y el Monte Santiago

Pendiente

Medina de Rioseco - Sahagún

Las Merindades y el Monte Santiago

Pendiente

 

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Manzanares - Cercedilla

7 de Febrero de 2009

Manzanares - Cercedilla

Presentación fotográfica del día

 

Siempre me cuesta levantarme, las sábanas se enredan en mi y me impiden saltar de la cama; pero los días que voy al Camino, las cosas cambian, estas se elevan y facilitan la tarea, a diario tan pesada. Hoy marchaba a una etapa del Camino de Madrid, que por ya hecha no quitaba ni un ápice de mi ilusión.

Con amigos de San Guillermo caminaríamos pegados a la Pedriza por los pueblos de Mataelpino, Navacerrada y , por fin, Cercedilla.

A las 8 la mayoría estábamos en Plaza Castilla dispuestos a coger el autobús que nos llevaría al principio de la etapa. Las caras sonreían y se gastaban bromas. El tiempo era frío pero el cielo estaba radiante luciendo un sol reluciente que prometía un día perfecto.

Ya en Manzanares una vez saludado el castillo y con un café con porras calientes y grasientas, comenzamos la caminata. Las piedras graníticas estaban decoradas por el algodón blanco de la nieve reflejando unos brillos deslumbrantes.

El suelo de tierra estaba helado y los charcos se vestían de cristales gruesos de hielo. Las cabezas debían estar despiertas para apoyar adecuadamente los pies y no resbalar, cosa que no siempre se consiguió.

El Yelmo nos saludaba blanco y erguido, orgulloso de su robustez y escarpadas paredes, desafiando, como hace siempre, a los intrépidos escaladores que llenan sus lisas aristas. Hoy especialmente complicado por el hielo almacenado.

Era un placer después de tantos días de agua y nieve poder caminar rodeado de un paisaje tan hermoso. Rodeados de pinos, encinas y sabinas. También encontramos fincas ganaderas que daban de pastar a hermosos terneros lanudos bien vestidos para un invierno duro.

Sin apenas darnos cuenta llegamos a la ermita de San Isidro. Esta mira orgullosa sobre una piedra el Camino de Madrid. En este lugar nos recibió un amable grajo que se exhibía a las fotografías en busca de algo de alimento. Algunos subimos a la puerta de cristal que impedía el paso a la ermita pero que permitía ver su interior.

Una peculiar veleta de un labrador arando con un buey se bamboleaba al viento frío de los montes. Los picos más altos se encontraban tapados por nubes algodonosas, pensé que eran tan tímidos que no se atrevían a mostrarse.

Poco después continuamos el camino sorteando los charcos de hielo. Sobre las 12 de la mañana llegamos a Matalpino utilizando una senda llena de nieve y hielo rodeado de jóvenes encinas.

El café y la cerveza nos animó para continuar la marcha. El camino, paralelo a la carretera, se fue llenando de nieve que en algún momento llegó hasta la rodilla, pero pese a todo, la alegría seguía siendo la tónica del día. El aire en vez de calentarse con el medio día se hacía más recio y traicionero. Los pasamontañas aparecieron para calentar las caras que se cortaban por el gélido aire.

A Navacerrada se llegó a las dos y cuarto de la tarde. En sus calles tuve la desgracia de que un coche poco considerado desplazara un charco contra mis pantalones. Aunque el exabrupto fue inevitable no iba a estropearme un día de camino.

La comida de tapeo fue espléndida, no faltó ni el orujillo de hierbas para calentar el cuerpo.

Por fin emprendimos la subida al hotel Arcipreste de Hita por la calle Abel. Nunca sabré porqué este nombre, si eres caminante y llegas a ella comprenderás que hubiera sido mejor denominarla Caín. Lo único bueno que tiene es su longitud, que cuando quieres darte cuenta llegas al destino.

El cielo estaba encapotado y comenzó a nevar suavemente. Llegamos a la fonda Real y los chupetones de hielo me sorprendieron, eran estalactitas tambaleantes paralelas entre si.

Ya en el último tramo continuamos por nieve y rodeados que magníficos pinares albares como si fueran fantasmas vestidos con sábanas blancas.

La vuelta fue en el tren. Estábamos cansados pero felices por haber tenido un día tan magnífico.

Página de San Guillermo de Arnotegui

Uxama

Primer paseo trotinero (Plaza Castilla - Tres Cantos)

Primer paseo trotinero (Plaza Castilla - Tres Cantos)

29 de Marzo del 2008

Plaza Castilla – Tres Cantos.

 

Esta fue la primera salida del grupo trotinero. Teníamos una reunión preparatoria de San Guillermo de Arnoteguí pero decidimos que cuando terminara iríamos a dar un paseo por la primera etapa del Camino de Madrid.

 

Nos conocíamos y teníamos circunstancias comunes, habíamos sido elegidos guías de SGA y en breves días nos tocaría llevarnos a un grupo de chavales al Camino de Santiago. Teníamos un cierto nerviosismo por el reto que se nos presentaba, y necesitábamos charlar sobre nuestras inquietudes. Tres personas, tres vidas y tres circunstancias se ven enlazadas por un reto nuevo. La conversación rondó entorno a la tarea próxima. Durante este paseo profundizamos en nuestro conocimiento y fue el nacimiento del grupo trotinero, nos llevábamos bien y aunque diferentes nos respetábamos.

La reunión fue más larga de lo esperado pero a las 14:00 tras despedirnos del presidente y del vicepresidente y cargados con material a repartir en el camino, empezamos a andar siguiendo las flechas amarillas que nacen al pie de las torres inclinadas de Plaza Castilla y que llevan tras 680 kilómetros hasta Santiago de Compostela.

 

El día era fresco aunque lucia un maravilloso sol de principio de primavera. El cielo estaba claro y las calles  tranquilas, era la hora de comer de un sábado.

 

Enseguida llegamos a las 4 torres gigantes muy cercanas al hospital de la Paz. Estaban en construcción y se tuvo que hacer algún desvío.

 

 

  

 

Después pasamos la carretera de Colmenar y el Ramón y Cajal. En su proximidad hicimos una parada para degustar un pincho de tortilla y una cerveza. Apenas fueron quince minutos de reposo.

 

Continuamos por el distrito de Fuencarral y posteriormente hacia el cementerio donde se nos abrió el campo y nos libramos de las calles de la ciudad.

 

Siempre tengo una sensación rara cuando salgo de una grande, como Madrid, caminando. Me llena de libertad el verme suelto de las ataduras de edificios.

 

La conversación era agradable y el paso tranquilo. Yo estrenaba botas y todavía estaban reacias a adaptarse al pie.

 

 

  

 

Un poco antes de la valla del Pardo hay dos alternativas, la A que va pegada a la valla y a las vías del tren, en un continuo sube y baja, y la B que deja a la derecha las vías del tren en un terreno más amplio. Nosotros elegimos la segunda, no teníamos ganas de recorrer el rompepiernas de los badenes y terraplenes.

 

La tarde estaba soleada y a las cuatro de la tarde nos encontrábamos en las proximidades del Goloso, donde hicimos parada. Sentados debajo de un gran roble a tomar algunos frutos secos y algún sustancioso sándwich.

 

 

  

 

La conversación continuaba siendo el Camino y sus anécdotas. También hablamos de la organización de las próximas marchas. Teníamos una notable falta de información, que nos hacía sentirnos inseguros, pero muy animosos con un proyecto nuevo.

 

Estábamos unidos por el Camino emprendido, aunque de personalidades diferentes y temperamentos dispares teníamos la afinidad de un destino próximo.

 

A los veinte minutos reemprendimos el camino destino a Tres Cantos donde apenas tardamos cuarenta y cinco minutos.

 

 

  

 

La tarde se apagaba cuando cogimos el tren de vuelta. Sin saberlo habíamos creado un grupo caminero y sobre todo una amistad duradera. Estos pocos kilómetros se verían acompañados por muchos más en el futuro.

 

El recorrido es aburrido, pero para empezar a coger la forma física es suficiente. A nosotros nos sirvió para plantar la semilla de la camaradería trotinera.

 

Uxama.

Subida con nieve por Cotos

Subida con nieve por Cotos

10 de Enero de 2009

Presentación fotográfica del día

 

 

 

Subida a Abantos desde El Escorial

Subida a Abantos desde El Escorial

17 de Enero de 2009

Presentación fotográfica del día

Descripción de Desnivel

Descripción de Klarin 

 Me recogió Alberto a las nueve. Y en menos de una hora, nos plantamos en El Escorial. Hacia una estupenda mañana, muy luminosa,  clara y fresca.

 

 

Nos tomamos un café para entonar el cuerpo, y nos pusimos en marcha.Salimos del pueblo por las empinadas calles y disfrutando de las antiguas casas Serranas de veraneo (que contraste con los horrorosos adosados que hay en la entrada del pueblo) Al poco rato llegamos al Euro forum y dejamos la carretera para tomar un sendero que ya picaba pa arriba. Este sendero arranca justo a la izquierda de la presa.  Una vez llegados arriba ya se contempla el pantano, que estaba congelado. El sendero da una tregua y va llaneando hasta llegar a la parte de atrás del pantano. Donde tomamos una senda forestal con una pendiente pronunciada pero tampoco extrema. Esta pista transcurre entre un denso bosque de pinos. El camino es bueno, pero había que tener cuidado en las zonas mas umbrías porque empezaron a aparecer las primaras placas de hielo.

 

 Seguimos avanzando sin problemas, como siempre íbamos charlando. Ya empezaron a aparecer los primeros restos de nieve, y la cuesta aumentaba la inclinación, pero vamos que la subí sin dejarme el pulmón. Al cabo de una media hora llegamos al final de la cuesta, donde había un hueco en la espesura abierto al valle con unas vistas preciosas.

 

Paramos un ratito a echar un piti y hacer unas fotos. La parte más pronunciada del recorrido ya la habíamos superado. Seguíamos subiendo, pero ya durante todo el camino la pista seguía suavemente. Ya todo estaba nevado con una buena capa, pero se caminaba bien sobre la nieve virgen. La temperatura era buena, hacia ya mucho rato que me desprendí del forro polar, y aun así sudaba, y ya estaba con el problema de siempre. Se me empañaban las gafas y no veía nada. A nuestra derecha se veía impresionante El Abantos, ya que en vez de subir directamente, lo estábamos haciendo por otra ruta más larga pero más fácil. Este camino sube por el monte de enfrente para una vez llegado a la cumbre, y cresteando se asciende Al Abantos por detrás.

 

Después de un rato de seguir subiendo llegamos al primer collado. Las vistas espectaculares se ve el otro lado de la sierra. El pico de la Almenara y ya a lo lejos Impresionante Gredos (en primavera los visitaremos).

 

Llegado a este punto ya atacamos la subida final, que por una ancha y nevada pista forestal y suavemente nos lleva hasta la cumbre del Abantos.

 

Bueno a la cumbre exactamente no subimos, sino a un picacho que hay como a unos doscientos metros. Donde hay una caseta de guardabosques con una terraza desde donde hay unas vistas privilegiadas de toda la sierra. Estas literalmente colgado en el vació.

 

Allí en la terraza nos sentamos a descansar. Momento que aprovechamos para almorzar. Corría una ligera brisa fría. Pero se estaba fenomenal, daba el solecito. Una vez más a vista de pájaro se ven los desmadres urbanísticos.

 

Pasada media hora decidimos empezar el descenso. Esta vez en lugar de regresar por donde subimos. Bajamos por la ruta más directa. Y tan directa, es una bajada en línea recta prácticamente, no es muy pronunciada la cuesta pero aun así hay que bajar con la reductora frenando. Y dada la longitud, al final cansa y se cargan mucho las piernas. Esta senda acaba en una carretera y la cogimos, pero una vez avanzados unos 500m nos dimos cuenta que íbamos en dirección contraria y volvíamos a subir. Dimos la vuelta y una vez encontrado el sendero correcto, continuamos hasta dar con un camino que tiene pinta de ser una antigua conducción de aguas tapada con losas de piedra, la cosa estaba un poco peligrosa porque estaban llenas de hielo. Esta parte del camino es muy bonita porque vas entre bosque cerrado y mucho musgo. Acaba en una especie de pantanito pequeñito.

 

Al poco tiempo llegamos a la parte posterior del pantano por el que habíamos pasado por la mañana. Lo bordeamos y al poco tiempo ya estábamos en el pueblo. Buscamos una terracita donde tomar un refrigerio y estaban todas llenas. Nos metimos en un bar a por las bien ganadas cervecitas. Luego nos fuimos a la lonja a ver un poco el Monasterio y para hacer unas fotos. Y de vuelta a casa.

 

Es una excursión que esta muy bien, porque se sube a bastante altitud pero se sube suavemente y sin machacarse. Y el premio de encontrarte colgado a mil setecientos y pico metros vale la pena. Total estuvimos caminando cuatro horas y media a ritmo suave, bueno a veces nos embalábamos y teníamos que bajar el ritmo. Fue un buen día y lo pasamos bien.

 

Dado que Charlis estaba pachucho y preparando su salto del charco, fuimos Alberto y yo,

 

Fernando.

 

 

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Descripción de Uxama

Bonita excursión desde el Monasterio que construyó Felipe II en conmemoración de la batalla de San Quintín. Este edificio de estilo herreriano, sobrio en sus formas y materiales fue el punto de partida de una marcha entre pinares.

Recogí a Fernando a las nueve de la mañana y en apenas una hora estábamos en el aparcamiento de la universidad María Cristina, junto a la gran explanada que resalta la belleza granítica de este emblemático edificio. Juan Carlos se había caído de la marcha por una inoportuna fiebre-gripal, así el grupo trotinero se redujo a dos, esto no impidió el paseo.

El día era frío pero soleado con una ligera bruma que limitaba poder degustar de las amplias vistas en la cima. A las diez y veinte, después del oportuno café con porras junto al Ayuntamiento de San Lorenzo del Escorial y con pereza inicial, comenzamos la travesía.

El principio es entre las calles llenas de casas de veraneo con un sabor antiguo pero con bastante gusto constructivo, son edificios con solera. Un poco antes del EuroFoum de Felipe II y nada más pasar un depósito de piedra en remodelación se coge un sendero junto al desagüe del pantano. Aquí ya pisamos por primera vez la nieve camino de la Horizontal. Poco a poco fuimos ascendiendo siguiendo unas placas metálicas azules con un ángulo rojo, camino del Puerto del Malagón (1590).

Era un placer atravesar entre los pinos pisando en tramos la nieve caída una semana antes, que se resistía a desaparecer en las zonas de umbría. Dando vueltas y revueltas ganamos altura viendo algunas vacas y caballos. Eran nuestros únicos acompañantes. Las primeras miraban de manera fija con ojos que me dieron a entender su poca comprensión de ver a dos locos ascendiendo al lado suyo. Hicimos una parada para observar el entorno en un mirador lleno de nieve, la placa oportuna nos informaba del nombre Mirador de los Alerces. Desde ahí se podía ver perfectamente el pantano de Valmayor y la caseta blanca de vigilancia que se yergue en el alto. Se veía toda la montaña llena de pinos con toques blancos de la nieve, la luz se reflejaba en esta y creaba un cuadro muy hermoso.

El frío inicial se convirtió en sudor generado por el esfuerzo de una ascensión en ciertos momentos agobiante, pero que llena de orgullo al verla sometida a nuestro empeño. Íbamos bien y contentos por la suerte de día que estábamos teniendo. Continuamos la excursión a nuestro ritmo más querido, puramente cochinero, entre pinos y piornal. La luz reflejada en los neveros helados me fascinaban y hacían unos encuadres preciosos. Ya en el alto del Malagón el suelo se lleno de nieve blanda y se podía ver el pantano y las tierras segovianas. Todavía nos quedaban otros doscientos metros de desnivel, ya mucho más suave. La fotos fueron imprescindible y el buen humor reinaba. Avanzamos por la carreterilla y con posterioridad por un camino forestal pisando nieve, en una más suave pendiente. Teníamos el valle a nuestra derecha con pinos silvestres y colores brillantes. Cuando la cabeza está rodeada de belleza las distancias se acortan.

En poco más de veinte minutos llegamos a la caseta de observación. Era la una y las vistas sobre San Lorenzo y del Escorial eran extraordinarias. Se pueden ver las cúpulas del monasterio y su forma de parrilla, en conmemoración del tipo de muerte que tuvo el santo, patrono de la población. También se pueden ver las colonias de adosados que se elevan hacia el monte, pareciendo que pugnan por ocuparlo, como si fuera un ejército a punto de emprender un ataque antiecológico contra una montaña de árboles apretados y defensores de su posición. También se puede ver el pantano de Valmayor y más allá entre una ligera bruma la ciudad de Madrid. En esta atalaya de 1755 metros se distingue la barrera montañosa de la sierra.

Nos sentamos en la terraza de rejilla de metal de la caseta de observación de incendios a tomar el bocadillo. Al resguardo del viento y absorbiendo los rayos del Sol se estaba cómodo. El bocata de foie-gras me supo a gloria y me hizo recordar mis meriendas infantiles. Estuvimos sentados media hora satisfaciendo los sentidos desde este mirador. La bajada la cambiamos y la hicimos más directa desde la fuente del Cernubal. La nieve era más abundante pero estaba blanda y no helada. Por momentos me imaginé tirándome sobre ella como si de colchón de plumón fuera, pero resistí la tentación para no mojar la ropa y la ligera brisa me dejara helado. El agua de la fuente era fría y cortaba aguantarla, pasaba los dientes.

Entre pinos y por un camino lleno de ramas secas transcurre el recorrido hasta llegar al pantano del Escorial. Para llegar a este cogimos un enlosado helado de piedra que tapa una canalización. Este fue uno de los trozos más bonitos. La umbría, los árboles y la nieve presentaban un cuadro melancólico y entrañable. A las cuatro de la tarde llegábamos de nuevo al inicio del recorrido. Estábamos satisfechos de la ascensión realizada y dispuestos a degustar una rubia cerveza que recuperara de los sudores padecidos. Estos bosque fueron cazaderos de Felipe II y gracias a Dios se han conservado para el deleite de los que se atreven a pasearlos con los ojos abiertos y con ganas de disfrutar de lo que les da la naturaleza.

Uxama

Canto Cochino-Collado de la Dehesilla-El Yelmo

13 de Septiembre de 2008

Presentación fotográfica del día

Descripción de Excursiones y Senderismo

Es un día magnifico del mes de Septiembre. La temperatura es muy agradable y el sol luce en el cielo, ¡pero será una excursión que no olvidaremos!

 

 

 

Llegamos a las puertas de la  Pedriza sobre las 10’00h, antes de que el aparcamiento de Canto Cochino se complete y la cierren (Bueno no la cierran del todo, pero para poder entrar con coche hay que esperar a que salga otro…). Una vez aparcado el coche, el aparcamiento ya estaba bastante ocupado y costó encontrar un hueco, ni cortos ni perezosos no dirigimos a uno de los bares en Canto Cochino para tomarnos un café. Después de una agradable conversación, sobre las 10’45h decidimos ponernos en marcha y comenzar nuestra ruta. Bajamos desde Canto Cochino hasta el río, y una vez cruzado el mismo por el puente tomamos la GR10 (La Autopista de la Pedriza), que sigue la margen derecha del arroyo de la Majadilla. El camino, que discurre entre pinares, aunque de subida es un autentico paseo. Tras aproximadamente 45 minutos de constante pero agradable subida, encontramos una bifurcación del Camino: la GR10, que es la ruta que seguimos, se desvía bruscamente hacia la derecha, tras cruzar el arroyo por un puente de madera, nos lleva a una amplia pradera descubierta a los pies de la ladera en la que se encuentra el Refugio Gines de los Ríos.  Atravesando esta pradera y dejando el refugio a mano derecha se encuentra el camino que vamos siguiendo. A partir de este momento, el camino se vuelve más estrecho y se embravece un poco (hay mas piedras sueltas, las subidas son más pronunciadas, se camina entre matorrales), y tras unos escasos 10 o 15 minutos llegamos al Tolmo: una peña enorme, de forma aproximada a un cubo y que se encuentra en el medio de una pradera. El origen de esta peña es incierto, los geólogos no se ponen de acuerdo en como pudo surgir ahí en medio, pero lo que si esta claro es que se ha convertido en una escuela de escalada, a la que emulan nuestros rocodromos urbanos, lo que atestiguan la multitud de agarres y “ferretería” que se encuentra en la misma (incluso existe una placa en recuerdo de un personaje). En fin, rodeamos el Tolmo para contemplarlo y nos sentamos en unas rocas para descansar unos momentos. Bebimos agua y charlamos brevemente con un par de senderistas que junto con más personas allí se encontraban (Por cierto que a uno de los senderistas que estaban almorzando un perro de otras de las personas le quitó un buen pedazo de queso). Los senderistas nos informaron que el Collado de la Dehesilla se encontraba a aproximadamente 15 minutos.

 

Retómanos la ascensión al Collado, y por casualidades de la vida nos encontramos con dos amigos: Pedro y Juan, que ya regresaban a Canto Cochino. Estos dos amigos, granes conocedores y pateadores de la Pedriza,  habían comenzado a subir al Yelmo desde Canto Cochino a primera hora de la mañana, y para darle más emoción decidieron subir al Yelmo desde la Gran Cañada por la senda Maeso y ahora descendían desde el Yelmo vía el Collado de la Dehesilla dado que tenían que volver pronto a Madrid, y además querían saludar al guarda del Refugio, que es conocido de ellos.

Reanudamos la marcha, y apenas 10 minutos después llegamos al Collado de la Dehesilla. Las vistas desde el Collado son esplendidas: a un lado el valle por el que ascendimos desde Canto Cochino, al otro se abre la planicie castellana, en la que destaca el  Cerro  de San Pedro. Cuando llegamos a la pradera que compone el Collado, nos encontramos más excursionistas que estaban tomando el almuerzo, o simplemente descansando tumbados al Sol. Nosotros nos solidarizamos con los primeros, y dimos cumplida cuenta de los sándwiches que llevábamos, puesto que era la hora de comer.

 

Después de un descanso, continuamos la marcha hacia el Yelmo, vía el Pico del Acebo. Tomamos el camino que partiendo de la derecha del Collado, va ascendiendo poco  a poco por las laderas de las montañas que conforman la parte alta del collado. La senda es estrecha, pero bastante cómoda, puesto que la subida es moderadamente tendida.  Tras unos aproximadamente 20 minutos llegamos a una peña que interrumpe la senda y que hay que bordear trepando por la misma para retomar el camino. El camino se va volviendo cada vez más escabroso, y nos volvimos a encontrar con una nueva peña, más grande que la anterior, que volvía a interrumpirnos la marcha. Otra vez la sorteamos echando mano a tierra y trepando, pero una vez superada no fuimos capaces de encontrar una senda, por lo que guiándonos por nuestro instinto, que nos indicaba la dirección que debíamos seguir, llegamos a la cuerda de los picos que conforman esta parte de la Pedriza, entre los que se encuentra el Pico del Acebo. Andando entre estos picos de caprichosas formas, lo que nos animaba a buscar figuras conocidas: “Mira parece un perro” decía uno de nosotros “y aquella parece un águila” replicaba el otro, llegamos a una zona abierta desde donde se divisaba perfectamente Manzanares el Real, el embalse de Santillana, a lo lejos relucía el pantano del Pardo,  y finalmente destacaban relucientes las torres de la Castellana, adivinándose Madrid a sus pies. ¡Una vista esplendida!

 

 

 

 

 

Seguimos caminado por esta cuerda, en la que encontramos  a varios excursionistas, y tras unos minutos de marcha llegamos a la parte más septentrional de la Pradera del Yelmo. A nuestra derecha, y majestoso sobre su pradera aparece la losa gigantesca que conforma la pared sur del Yelmo llena de pequeñas figuras multicolores, escaladores, que intentan coronarla. La pradera, de forma rectangular está bordeada por el Yelmo a un lado, y por una serie de peñas al otro lado, que conforman una pared que oculta la vista sobre Manzanares el Real. Dado que eran las primeras horas de la tarde, y la misma estaba cálida, decidimos descansar un rato a la sombra de una de las peñas, y entre conversaciones en las que recordamos nuestras andanzas juveniles y traguitos de agua pasamos cerca de 45 minutos.

 

 

 

Decidimos reanudar la vuelta hacia Canto Cochino, tomando para ello la senda que cruza la pradera de derecha a izquierda, mirando el Yelmo, en el sentido descendente. Nos encontramos con más excursionistas sentados a la sombra de las Peñas, a tres caballos que rondan por la pradera y dejamos a mano izquierda la fuente, que casi a ras de suelo, y  a los pies de una pequeña roca, riega con poco agua, dada la época del año, la Pradera. Cuando la Pradera se estrecha al final de la misma, y dado que a mí la escalada me da pánico, Fernando me propuso hacerme alguna que otra foto de tal manera que pareciese que estaba escalando, y para ello dejamos la senda y nos acercamos a la pared del Yelmo, y me hice las fotos haciendo el payaso. Y aquí tuvimos el gran error que hizo que a partir de este momento la excursión se tornara en una experiencia que no olvidaremos, y ahora que ya ha pasado cierto tiempo, de una manera jocosa. Cuando dejamos la senda, no nos percatamos que la misma hace un giro bastante pronunciado a la izquierda, de manera que se abandona la Pradera para iniciar el descenso hacía la Gran Cañada, pero nosotros lo que hicimos fue seguir otra senda que paralela a la Pradera abandona ésta para internarse en el Hueco de las Hoces. Este es un valle muy profundo y escarpado, casi un barranco, que partiendo desde la Pradera del Yelmo se despeña hacia Canto Cochino.

 

 

 

Al principio seguimos una senda que a media ladera del Hueco desciende hacia Canto Cochino, que se adivina en el fondo, y entre risas y bromas la seguimos hasta que sin saber como lo hicimos aparecimos en el fondo del escarpado barranco, rodeados de rocas monolíticas con descensos de vértigo. Dado que sabíamos perfectamente hacia donde teníamos que ir, siempre bajando, y que llegamos a un punto de no retorno, puesto que habíamos descendido por algunas rocas arrastrando el culo por ellas, y que nos resultaba imposible poder subir por ellas, decidimos bajar por entre el laberinto de rocas, pero  siempre con buen humor y gastando bromas sobre los buitres, que bien posados sobre las cesterías del Hueco o bien sobrevolándonos, nos miraban con curiosidad (al menos es lo que creemos…).

 

Llegamos a un punto del laberinto, en que rodeado de moles no podíamos avanzar ni retroceder, y aquí ya me surgió la primera sensación de miedo, pero no íbamos a llamar al 112, puesto que me veía bajando desde allí hasta Canto Cochino a collejas del Grupo de Rescate en Montaña, por ser unos palurdos y con toda la razón del mundo. Indagando entre los recovecos, Fernando encontró un hueco pequeño por el que se  vislumbraba un pequeño hito de piedras. Albricias, alguien ya había pasado por aquí y se había molestado en marcarlo, no estábamos perdidos.

Con los ánimos recuperados nos introducimos por ese hueco y conseguimos salir de esta, pero el laberinto seguía, por lo que proseguimos, pero con los ánimos ya un  poco más desgastados. Seguimos arrastrándonos y trepando entre piedras por el fondo del Hueco, enganchándonos constantemente en esos arbustos tan duros de corteza negra y que nos hacían juramentar en arameo, además Fernando había perdido el tabaco en  la Pradera del Yelmo, y estaba con mono, hasta que llegamos a otro punto de no avance, no retorno.  Rodeados por todas partes de piedras verticales y lo suficientemente altas como para no poder subirse a ellas  nos encontramos una vez más en una situación comprometida, por lo menos para nosotros. Después de varios intentos infructuosos de subida por parte de Fernando, yo para eso soy un cero a la izquierda, tuve la idea de que yo pusiera las manos cruzadas para que Fernando apoyándose en ellas ganara la altura suficiente como para poder subirse a las piedras, una vez arriba, Fernando me echaría una mano, y yo podría subir. Fernando me replico que pesaba mucho, pero mi única preocupación era salir de allí independientemente del peso de Fernando , y como dije antes sin la ayuda del 112 ¡que vergüenza!, así que mi replica fue cruzar las manos y hacer el ademán para que comenzará la operación. Fernando se impulsó en mis manos, subió y tendiendome la mano conseguimos salir de la segunda situación comprometida, y que alivio: además había otro hito de piedras. Seguimos nuestra aventura por el Hueco de las Hoces hasta que el mismo acaba, y el rastro de hitos que seguíamos nos lleva a la loma, formada por una roca gigantesca, que separa el Hueco de las Hoces del Barranco de los Huertos y parecía que veíamos en la otra ladera del barranco una senda practicable. En la losa de piedra descansamos, puesto que a mi las piernas me empezaban a temblar un poco de cansancio, y acabamos las existencias de líquido que llevábamos.

 

Tras unos 10 minutos de descanso y animados por la perspectiva de un camino transitable,  efectivamente luego supimos que ese camino que veíamos en la ladera opuesta a la nuestra es el que baja directamente desde la Gran Cañada a Canto Cochino, y de incluso ver a una pareja que también descendía, retomamos la marcha, todavía entre piedras y nuestra bien amada maleza de corteza negra y con una ruta de difícil transito. Una vez en el fondo del Barranco de los Huertos, vimos que por el mismo discurría otra senda, así que decidimos seguir la misma, sin remontar la ladera para tomar el camino que habíamos visto antes. Esta senda, con fuerte bajadas, piedras sueltas y algún que otro escalón para colosos, nos llevó hasta la explanada final que antes del cruzar el  río se encuentra antes de llegar a la carretera y el aparcamiento de Canto Cochino. Durante esta bajada tuve la sorpresa de recibir una llamada telefónica al móvil de MoviStar para ofrecerme alguno de sus productos, ¡Maldito marketing telefónico!, no tenía suficiente en concentrarme en mis piernas para que no temblaran y pudiera bajar sino que además tuve que hacer esfuerzos ímprobos para no mandar a la educada señorita a un lejano lugar. Esto hizo que Fernando se adelantara unos cientos de metros, lo que hizo que le perdiera de vista y tuviera que esperarme en la explanada.

 

Finalmente, en mi caso agotado y como un zombi, llegamos a uno de los bares de Canto Cochino donde nos dispusimos a dar cuenta de una refrescante jarra de cerveza que nos repondría los líquidos perdidos, puesto que fue un día con emociones fuertes y además el sol del fin del verano todavía calienta (e incluso quema. Yo estaba colorado como un tomate). Yo casi me tome la cerveza de un trago, pero Fernando no debía encontrarse muy bien puesto que no se la terminó. Su única preocupación era encontrar tabaco: en el bar no vendían y no encontraba fumadores que le dieran uno, hasta que encontró a una muchacha joven fumadora que le  dio uno. A Fernando se el cambió el rostro, y una vez tras el descanso, tomamos el coche y volvimos a Madrid sobre las 6’30h.

 

Ahora, y como ya he dicho, recordamos esta excursión con cierto cariño, después del sofocón que pasamos, y jugando con nuestros apellidos la hemos dado un nombre “Ruta de Torres de la Mezquita”, y también aprendimos que en la Pedriza seguir hitos de piedra sin sendero puede resultar peligroso: estábamos siguiendo a alguien que también se hallaba perdido.

 

14 de enero de 2009.

Juan Carlos (Charlis).