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06/01/2009 12:40 Autor: Trote Cochinero. #. No hay comentarios. Comentar.

Peñalara, Claveles y Laguna de los Pájaros

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14 de Junio del 2.008 

Presentación fotográfica del día

El día amaneció temprano y el despertador cumplió su función con la pereza de trabajar un sábado. Mi cabeza rugió por el sonido horrible y descorazonador, pero sólo tardó un minuto en recordar que hoy no tocaba trabajo. Me esperaba un día de campo. Me preparé con prontitud y antes que me diera cuenta, ya me encontraba en la calle dirigiéndome al bar donde había quedado con Klarín para partir a la sierra.

El cielo estaba despejado y más bien caluroso, que cambio con los dos últimos meses. Casi sin sentir ya estaba frente a la estación de Atocha pidiendo un café. No era el único con mochila y pantalones cortos en el bar. Las expresiones eran mucho más alegres que un día de diario. En poco rato apareció mi compañero, y tras terminar un breve desayuno marchamos al punto de encuentro especificado en el foro. Esperaba que alguien más se apuntara, pero no estaba muy seguro, la gente tiene obligaciones y ninguna contestación nos había dado esperanza de compañía. Tampoco nos importó mucho, la marcha de hoy aunque corta, unos 18 kilómetros, era dura y montañera. Queríamos subir al Pico Peñalara, luego recorrer los Claveles, con sus muchísimas piedras que obligan a poner en más de una ocasión las manos, llegando hasta la laguna de los Pájaros, donde almorzaríamos. Y, por fin, volver por la laguna de Peñalara hasta la antigua estación de Cotos donde habríamos empezado la marcha.

Este día requería algo más de condición física que una etapa del Camino donde sólo la distancia agota al caminante, hoy se requería buenas rodillas y buen ánimo. A las ocho estábamos en el andén con la pequeña esperanza de alguien más, pero no apareció nadie y nos subimos al tren de cercanías. El andén estaba lleno de grupos de montaña que sonrientes comentaban su próximas andaduras, el buen rollo llenaba el ambiente.

El recorrido se hizo corto hablando con mi compañero de nuestras aventurillas camineras y laborales. Ya se sabe que cuando dos peregrinos se juntan se pueden pasar horas charlando de anécdotas y planes. Unas veces hablando, otras escuchando y siempre manifestando cariño por los recorridos a Santiago, llegamos a Cercedilla. Este era el segundo punto de encuentro, pero tampoco apareció nadie. A las 9:40 cambiamos de tren, y cogimos él de vía estrecha que sube con esfuerzo a través de las laderas, siempre entre pinos hasta primero Navacerrada y luego hasta la Estación de Cotos (1.830 metros). El paisaje era precioso pudiendo ver a más de cincuenta kilómetros. Los cuatros colosos de Plaza Castilla se podían distinguir en el horizonte. Los pinos iban abriendo paso al trenecillo pareciendo muchas veces que le ayudaban en la subida por las cuestas.

El ambiente dentro era todavía más montañero que en Atocha, aquí todos eran excursionistas que se gastaban bromas y hablaban de anteriores y futuras hazañas. Sin apenas darnos cuenta llegamos a la pequeña estación de fin de recorrido. Algo más fresco que en Madrid pero suficientemente templado para poder caminar en manga corta. El cielo estaba limpio y radiante.

Había una competición de triatlón en la cumbre y se podían ver a los ciclistas sufriendo en los desniveles de los senderos. Klarín y yo decidimos empezar tomando nuestro segundo desayuno, en el Camino es una costumbre desayunar un par de veces, y hoy no iba a ser menos. Derechos al chiringuito. Allí cayeron montados de tortilla y beicon con copita de vino para templar la barriga, todos los elementos del cuerpo se tienen que calentar antes del ejercicio.

Se estaba tremendamente a gusto sentados en una mesa al sol viendo los bosques albares y oliendo la naturaleza a pocos kilómetros de una ciudad loca como Madrid. Parecía increíble que en tan poco tiempo hubiéramos pasado de un lugar a otro y tanto cambiaran las sensaciones. A las once comenzamos la subida, aquí no hay respiro según empiezas ya estás en cuesta. Al principio con cierta suavidad pero en menos de un kilómetro las rampas se empinan y las piernas empiezan a sentir el esfuerzo.

El camino lleva por este parque natural que intenta recuperarse de lo que fueron las antiguas pistas de esquí. Los pinos pronto desaparecen y son sustituidos por enebro rastrero y piornal. Pequeños pinitos de replantación harán desaparecer con el tiempo el recuerdo de las bajadas de los esquiadores. Templando el paso para que no nos agobiara la subida, y que el pobre Klarín no se asfixiara demasiado, fuimos adelantando a numerosos grupos de montañeros. Por momentos hicimos la comparación del Camino en verano.

En poco menos de media hora llegamos a un recodo del zigzagueante camino que nos permitió ver el refugio de montaña de Zabala, al fondo se intuía la Laguna grande de Peñalara. El Circo de origen glaciar se podía distinguir perfectamente. Al otro lado se mostraba con nitidez y orgullosa la Bola del Mundo, con sus torres de transmisión y la estación de esquí de Valdesquí. Un poco a la izquierda se encontraban las Cabezas de Hierro y la denominada Cuerda Larga.

El cielo azul con algún toque blanquecino de nubes hacía resaltar el verdor de los montes circundantes. Después de las fotos de rigor continuamos la subida que aquí se empina un poquito más hasta llegar a los picos de las Hermanas Menor y Mayor.

En poco más de veinte minutos pudimos llegar a la primera de las cimas. Fue una sorpresa distinguir perfectamente el puerto de Navacerrada, Siete Picos, Montón de Trigo y, sobre todo, la llanura segoviana con las torres de la Catedral. Alucinante paisaje. Nosotros estábamos más cerca del cielo (2.285) y ya habíamos cubierto un desnivel de 450. Nos encontrábamos felices creyéndonos en la cima, todavía nos quedaban los últimos doscientos metros de “subidita”, eso si ya de más suave pendiente.

Aquí el aire corría frío y tuvimos que recurrir a la poca ropa de abrigo que llevábamos. Apenas paramos cinco minutos para que el paisaje tomara posesión de nuestros sentidos.

Ya en la cuerda fuimos ascendiendo rodeados de multitud de montañeros, daba gusto ver las dos vertientes, por un lado las llanuras de Castilla y León y por el otro el valle que nos dibuja al fondo el Paular. Son impresionantes las vistas.

Hasta la cima la subida es llevadera y no requiere demasiado esfuerzo. El punto geodésico de hormigón nos saludó con un fuerte viento frío. La gente se protegía entre las piedras intentando descansar del esfuerzo.

Nos sorprendió que en un pequeño resguardo estaban celebrando una Misa un grupo de unas veinte personas. Me pareció un lugar maravilloso para orar, no creo que haya iglesia más bella que la que nos proporciona la Naturaleza en su estado puro.

Era incómodo pararse y decidimos continuar nuestro recorrido y parar un poco más adelante.

Desde aquí el camino se convierte en sendero y las piedras son las protagonistas. Caminando por un borde estrecho que apenas dejaba poner los pies fuimos avanzando. Había trozos en que se pisaba en el borde de las grandes piedras con la certeza de estar haciendo equilibrios peligrosos de volatinero. En más de una ocasión las manos y el trasero sirvieron de tercer punto de apoyo que nos permitiera continuar.

La adrenalina hizo acto de presencia y una cierta euforia lleno nuestro sentir. El paisaje seguía siendo maravilloso pero la cabeza y los sentidos se tenían que centrar en el siguiente punto de apoyo.

Así fuimos pasando los riscos de los Claveles y, posteriormente, él de los Pájaros. Nos sorprendió la gran cantidad de lagartijas y mariquitas que se solazaban tranquilamente viendo pasar los montañeros. Cuando pasamos el último de los montones de piedras nos sentamos en una de ellas a reposar el tiempo necesario de echar un pitillo que nos relajó y tranquilizó del esfuerzo realizado.

Aquí fue donde nos acordamos del Gato y de lo que disfrutaría de esta pequeña aventura. Sin pensarlo dos veces aprovechamos que teníamos cobertura para hablar un rato con él y darle ánimos para que pase estos momentos difíciles.

Ya un poco más templados llegamos sobre las dos de la tarde a la pradera de la laguna de los Pájaros. Sin dudarlo soltamos la carga y nos dispusimos a tomar el bocata apoyados en una comodísima piedra con vistas a un agua helada y a las crestas que acabábamos de pasar. Nos parecía increíble desde aquí que hubiéramos sido capaces de pasar por allí. Con la comida llegó el relajo. Me descalcé y sentí como la hierba fresca masajeaba mis calenturientos pies. Que alejada estaba mi cabeza de mi vida urbanita.

Estuvimos una hora solazándonos con un techo azul fantástico con alguna que otra nubecilla que realizaba un sin igual cuadro.

Sobre las tres de la tarde emprendimos el retorno ya más suave por una serie de praderías que nos hacía pasar por las lagunas glaciares de los Claveles y la laguna Chica de Peñalara.

Nos rodeaban bellas florecillas amarillas que contrastaban con el verde de los prados y piornales. Había trozos en que la bajada era empinada y los pies resbalaban con las piedrecillas. El paisaje continuaba siendo muy bello y el sol aprovechaba para decorarnos la cara con un color rojizo.

Pasado el puente de madera que lleva a la laguna grande el sendero se vuelve a convertir en un camino cómodo que en menos de media hora nos dejó en el Centro de interpretación del parque.

A las 17:10 nos sentamos tranquilamente en la terraza de la estación de tren que nos devolvería a casa en un par de horas. El sol calentaba y la cerveza nos refrescaba el gaznate. Nos encontrábamos cansados pero tranquilos y relajados después de un día maravilloso en la Sierra de Madrid. Ahora ya solo quedaba la vuelta al ruido y contaminación, pero los recuerdos de los paisajes nos alegraba el ánimo.

06/01/2009 12:44 #. Tema: Rutas montañeras No hay comentarios. Comentar.

Pelegrina-Cañón del Rio Dulce

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12 de Octubre de 2008

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Esta es una ruta circular de aproximadamente 7’8 km, con una dificultad sencilla, pues no tiene desniveles destacables, y que discurre dentro del Cañon del Rio Dulce, en la localidad alcarreña de Pelegrina, a unos 10 km de Siguenza.

Descripción de Excursiones y senderismo

Salimos de Madrid en coche una mañana gris y lluviosa del mes de Octubre. Después de aproximadamente 1h y 45 minutos de viaje, y tras desayunar en una gasolinera pasado Torija, llegamos a Pelegrina. Al llegar llovía copiosamente, aparcamos el coche en el solitario aparcamiento que tiene el pueblo para sus visitantes y esperamos a que escampara. Lo que podíamos ver desde el coche era desolador: el pueblo estaba completamente vacío, el único bar estaba cerrado y además llovía a cantaros; pero al mal tiempo buena cara y entre chistes, chanzas y otras ocurrencias esperamos dentro del coche a que el cielo diera un atisbo de apertura. Y ¡albricias Albar Fañez!, después de media hora de espera, el cielo nos dio un respiró, y la pertinaz lluvia inicial se convirtió en un lluvia ligera que nos permitió salir del coche y pertrecharnos con las mochilas y los pertinentes chubasqueros.

 

La verdad es que era la primera vez que íbamos por allí y estábamos un poco despistados: sabíamos que en la zona había 3 rutas: El Cañón del Río Dulce, la ruta a Aragosa y la ruta a Sigüenza, pero desconocíamos de donde partía cada una de ellas. Desde el aparcamiento se atisbaba un camino y ni cortos ni perezosos decidimos seguirle. Para ello, saliendo del aparcamiento hacia el pueblo, tomamos la primera calle a la izquierda que tras una pronunciada bajada nos dejaba en el camino que habíamos visto y que pasaba al pie de una gran noguera en la que encontramos un paisano recogiendo las nueces que se encontraban en el suelo. Nos encontrábamos en el fondo del Cañón del Río Dulce, donde un bosque en galería de chopos ponía la nota de color en esta jornada otoñal.

 

Finalmente, había dejado de llover y seguimos un coqueto y suave camino que discurriendo por el fondo del Cañón nos descubría las grutas, cárcavas y caprichosas formaciones que durante miles de años había labrado el río en la roca. El camino, dentro del bosque cruza varias veces el cauce del río Dulce, en este tramo no más ancho que un arroyo, mediante unos puentes de madera.

Uno de los hitos del camino que seguimos es la caseta en la que, y según un cartel que se encuentra en la misma, guardaba Félix Rodríguez de la Fuente el material de rodaje de la recordada serie de televisión “El Hombre y la Tierra”. Debemos reseñar que en este Cañón, Félix grabó gran parte de los capítulos de la serie, y que incluso aquí vivían en régimen de semi-cautividad la familia de lobos que protagonizaba algunos de los capítulos.

 

A partir de aquí le cañón se va abriendo cada vez más, a la vez que pierde altura y se despuebla de vegetación, y el camino se va convirtiendo en una serie de sendas que serpentean por las laderas que conforman este tramo del Cañón.  Siguiendo una de las sendas, que supongamos que nos sacaría del Cañón, llegamos a una zona rocosa que teniendo unas vistas amplias sobre este tramo, nos invitaban a tomar un pequeño descanso para beber agua y fumar un cigarrillo.

 

Una vez hecho este descanso, proseguimos por la senda que se encontraba embarrada, y debido a un pequeño desnivel que debíamos sortear y al barro, tuvimos el percance por el que recordaremos esta excursión: Fernando resbaló, con tan mala suerte que para no caer hacía la parte del barranco forzó la postura y cayo sobre su mano derecha, dislocándose un dedo. Inmediatamente  se lo pudo colocar bien, se lo protegió con un pañuelo y aunque el dolor de momento no era muy fuerte, decidimos terminar la ruta.

Desde la senda que seguíamos se avista la carretera que une Torremocha del Campo con Sigüenza, y que nos había llevado en coche a Pelegrina. Salimos a la carretera en dirección a Pelegrina, pasando por el Mirador de Félix Rodríguez de la Fuente, que al pie de la carretera y dominando el Cañón, nos proporciona unas vistas espectaculares sobre mismo.

Siguiendo la carretera y a un kilómetro más adelante del Mirador, encontramos el desvío para Pelegrina, la que se adivina al fondo.

 

Son casi dos kilómetros de una pequeña carretera local en suave descenso. A unos 500 metros del pueblo encontramos un mirador sobre uno de los ramales abiertos del valle del Río Dulce y un pequeño centro de información de visitantes. Curiosamente, en este mirador podemos encontrar un panel informativo sobre la ruta del Quijote que discurre unos cientos de kilómetros más al sur en la provincia de Ciudad Real. Como era la hora de comer, decidimos parar en este Mirador a comernos los sándwiches. Una vez satisfecha el hambre, recorrimos los metros que nos restaban hasta el aparcamiento en que se encontraba el coche, y ¡Oh sorpresa!, el bar del pueblo, que se encuentra pegado al aparcamiento, estaba abierto, por lo que  pasamos a tomarnos un café. El dedo de Fernando comenzaba a enfriarse y el dolor aumentaba paulatinamente, pero era aceptable. A las cuatro de la tarde tomamos nuevamente el coche, recorriendo los kilómetros que nos separaban de Sigüenza, terminando en la Cafetería del Parador, y prometiéndonos que volveríamos a Pelegrina: nos quedaban por realizar dos excursiones más, la de Aragosa y la de Sigüenza.

Juan Carlos (Charlis)     

 

06/01/2009 12:44 Autor: Juan Carlos. #. Tema: Rutas montañeras Hay 1 comentario.

Pelegrina-La Cabrera-Aragosa

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23 de Noviembre de 2008

Si quieres descargar la ruta para verla en Google Maps o Google Earth(3D) pincha aqui

Esta es una ruta de ida y vuelta de aproximadamente 25’7 km, con una dificultad sencilla, pues es completamente llana, excepto el pequeño desnivel de unos 300 m al principio de la misma ( y claro tambien al final) , y el camino está en muy buen estado, discurriendo en el valle del Rio Dulce que une los pueblos alcarreños de Pelegrina con Aragosa.

Descripción de Excursiones y Senderismo

Otra vez estábamos de vuelta en Pelegrina. Salimos de Madrid sobre las 9’00h, paramos a desayunar como la otra vez, dejamos el coche en el mismo sitio de la otra vez, es decir en el parking de entrada a Pelegrina, y sobre las 10 y veinte de la mañana comenzamos a caminar. Esta vez si sabíamos a donde queríamos ir y donde empezaba la ruta: nada mas cruzar la carretera comienza un camino a mano derecha del pueblo que tras una fuerte bajada nos deja en el valle que vamos a recorrer durante toda la jornada.

Después de esta bajada de unos 300 metros, el camino ya discurre por el fondo del valle, que en este tramo está muy abierto, se convierte en una agradable ruta  llana durante los próximos 12 Km. Como ya he dicho, el comienzo de esta marcha trascurre por el fondo llano del valle del río Dulce, y a unos 100 metros del final de la bajada nos encontramos con una bifurcación del camino: una rama nos lleva de frente hacia Sigüenza y que nos saca del valle (esta marcada como la ruta del Quijote) y la otra gira un poco a la izquierda, siguiendo el valle.

Esta es la rama que tomamos y que durante unos pocos kilómetros (unos 3) acompañada de tierras de labranza, y que si miramos hacia atrás, vemos el pueblo de Pelegrina dominado por su Castillo. Como he dicho, el camino es tremendamente cómodo y entre una agradable conversación, Fernando y yo llegamos a las ruinas de lo que convenimos que podían ser de una antigua venta. El camino sigue por el valle, que cada vez se cierra más, dejando las tierras de labranza y se convierte paulatinamente en un bosque en galería a las orillas del río Dulce. A unos 3,5 Km. aproximados el valle ya está completamente cerrado, y cruzando el río Dulce por un puente, dejamos la orilla derecha del río para colocarnos en la izquierda. Aquí el camino se vuelve un poco más agreste, estrechándose un poco, pero tras unos pocos metros, nos encontramos en el pueblo de la Cabrera.

Es un pueblo pequeño, con casas antiguas y poca gente (al menos solo nos cruzamos con un par de cazadores, que por cierto estaban hablando de que iban a comer cocido lo que nos hizo que segregáramos jugos gástricos…). Se entra al pueblo cruzando una explanada que debe de hacer los efectos de parque del pueblo, pasando al lado de un frontón a la vera de la iglesia del pueblo. En la puerta de la iglesia se puede seguir todo derecho, siguiendo un canal de aguas cristalinas, terminando a unos 300 metros en una antigua piscifactoría, que todavía en uso, cría truchas. Estuvimos dando un vistazo a la misma y preguntamos por el camino de Aragosa. Allí nos informaron que debíamos retroceder hasta la iglesia, cruzar el puente sobre el río Dulce, y nada más cruzarlo, tomar el camino que sale a la izquierda. Aquí es donde nos dimos cuenta que nos habíamos echado un amigo que nos iba a acompañar durante los próximos 8 kilómetros (hasta Aragosa): un gran perro blanco, parecido a un mastín pero de lo más simpático. Tomamos el citado camino, y saliendo del pueblo, volvemos a sentirnos dentro del llano valle del río Dulce.

En este tramo del camino, la administración ha marcado algo parecido a una senda botánica, en con distintos carteles que van explicando las distintas especies arbóreas que componen el bosque por el que trascurre el camino, algo muy interesante. Después de aproximadamente unos 2 kilómetros, el valle toma la forma de una U, y llegamos a un bosque de encinas en las zonas más alejadas del río y de chopos en las más cercanas, donde existen una serie de paneles informativos que explican la flora, fauna y geología del valle. Incluso un poco más abajo y sobre la misma orilla del río, existe un pequeño balcón sobre las mismas orillas del río, con un panel que explica los orígenes del nombre del río Dulce y donde nace el mismo.

Seguimos el camino, acompañados de nuestro amigo, encontrándonos con algunos excursionistas. El camino sigue por la margen derecha del río, acercándose y alejándose del mismo entre encinas. Nuestra conversación seguía agradable, hablando de lo divino y de lo humano, llegando nuevamente a unas ruinas a la derecha del camino. Cerca de las mismas y sobre una explanada hay un cartel que informa que está prohibido acampar, y las mismas consisten en una gran casa larga, con una puerta al final de la misma marcada con el titulo de GUARDAS. Aquí el camino se encuentra a unos cuantos metros sobre el río, y en el margen opuesto al nuestro entre la maleza aparecen las ruinas de lo que parece un complejo fabril de principios del siglo XX. Estas ruinas parecen como si estuvieran en estado de rehabilitación: había una grúa pluma e incluso materiales de construcción, pero parece que la actividad había cesado hace tiempo. Lo que más nos extraño, es que dentro del complejo de edificios aparecía uno más pequeño, con una espadaña con campanas y que parecía una capilla. ¿Que podía hacer una capilla ahí?, esto nos desconcertó y nos dio rienda suelta para elaborar diversas hipótesis sobre lo que podían ser la ruinas. ¡Si alguien sabe lo que es y nos lo dice se lo agradeceremos! Incluso intentamos acercarnos, puesto que el camino un poco más adelante tiene una bifurcación, que tomando la dirección de la izquierda, se acerca al río y que creíamos que podría tener un puente que nos cruzara a la orilla, pero tuvimos que desistir, puesto que no lo encontramos. Retrocedimos hasta la bifurcación y retomamos nuestro camino

Os recuerdo que seguiamos acompañados de nuestro amigo el can: nos adelantaba y nos esperaba a que llegaramos, o se retrasaba y cuando se sentía solo emprendia una carrera hasta nuestro encuentro, en fin como si fuera nuestro. El valle aquí se vuelve a cerrar, y el bosque el galeria de chopos se hace más evidente, pena que ya en estas fechas, finales de noviembre, los chopos no tengan hojas, pero esto en octubre con las hojas amarillas tiene que ser una maravilla. Sin solución de continuidad el valle vuelve a abrirse y nuevamente nos encontramos que el camino esta rodeado por tierras de labranza,  dando una gran curva, siguiendo un meandro del río, hacia la izquierda. Ya estábamos un poco cansados, puesto que desde que salimos hace aproximadamente 10 Km. no habíamos parada para nada y no veiamos el pueblo de Aragosa, nuestro destino, pero sabiamos que por la distancia recorrida debiamos de estar al llegar. ¡Estabamos empezando a paladear una cervezita! y si encima nos daban algo de comer miel sobre hojuelas (no olvideis que unas dos horas antes ya había tenido un primer bombeo de jugos gastricos debidos al cocido de los cazadores de La Cabrera) puesto que ya era casi la una de la tarde.

Caminado por nuestro camino, acompañados por nuestro infatigable amigo, detrás de una curva del camino nos topamos con el cementerio de Aragosa. Era un cementerio pequeño, bien cuidado y lleno de flores, puesto que unas tres semanas antes había sido la festividad de Todos Los Santos y el día de los Difuntos. Un poco más adelante y tras otra curva entramos en el pueblo. A la izquierda, a la vera del río hay una pequeña explanada, en la que se encuentra un tobogán y un par de columpios y unos bancos de piedra dispuestos de manera circular alrededor de una mesa baja también de piedra. Indudablemente nos encontrábamos en el parque de este pequeño pueblo. En este punto, el camino se convierte en la calle Real del pueblo, y decidimos seguirla buscando nuestro ansiado bar. No nos encontramos con nadie, excepto con un par de parejas de turistas, a los que preguntamos si sabían donde estaba el bar, pero lo desconocían. El pueblo es pequeño, y cuando nos quisimos dar cuenta ya habíamos salido del mismo. En una de las casas finales, una pareja con su hija pequeña se disponía a salir a tomar el Sol, puesto que aunque el día estaba un poco frío era soleado, así que le preguntamos por el bar y la respuesta fue negativa: En Aragosa no hay bar. Nuestro gozo en un pozo, nos habíamos quedado sin cerveza y sin comida caliente, así que retrocedimos hasta el “parque” dispuesto a dar buena cuenta de los sándwiches que llevábamos en la mochila y que regaríamos con una excelente agua reserva del 2008 embotellada en nuestras respectivas camelbacks.

La alegría que le dio al perro cuando vio que sacábamos cosas para comer, pero ¡Oh!, para desdicha suya no había nada de carne: atún, salmón, queso, apio…. De todas formas no perdió la esperanza e intento ver si podía comer algo de lo que llevábamos. Mientras almorzábamos, llego la pareja con la niña que habíamos visto antes, y que llegaban al parque para que jugara la niña. Les preguntamos si conocían al perro, pero les era extraño. Al momento llegó una conocida de ellos en un vehículo todoterreno, y nos dijo que el perro no le era desconocido: quizas fuera del médico de Pelegrina. Esto nos cuadraba, puesto que entonces recordamos que cuando llegamos en coche por la mañana a Pelegrina le vimos merodeando por el centro de información de vistantes que se encuentra a la entrada del pueblo.

Eran ya las 2 de la tarde, y teniendo en cuenta el tiempo que habíamos empleado en llegar desde el coche y las horas de luz que nos quedaban decimos volver. En estos momentos nos dimos cuenta que el perro ya no nos acompañaba y nos entristecimos un poco. Deshicimos el camino que habíamos hechos, y adelantando a unas parejas de excursionistas volvimos a una de las partes cerradas del valle, en donde vimos buitres sobre la crestería. Otra vez pasamos por las ruinas “fabriles” y nuevamente intentamos acercarnos a ellas, sin éxito.

Siguiendo el camino, llegamos a La Cabrera, y como teníamos sed, reanudamos la búsqueda del bar perdido. Recorrimos la calle principal del pueblo, que también es la carretera de acceso al pueblo, y no encontramos nada. Otra vez volvimos a preguntar y la respuesta fue negativa pero quizás un poco menos frustrante que antes: no había bar pero si una máquina de refrescos en un local frente a la iglesia. Bueno, menos da una piedra y podríamos beber algo distinto de agua: ¡coca cola! Nos sacamos nuestras dos latas, y sentados en un banco al lado de la iglesia las degustamos cual copas de Rioja Gran Reserva.

Como aquí el valle es cerrado y por tanto la luz empezaba a escasear decidimos reanudar la marcha, total solo nos quedaban 4 kilómetros. Por fin veíamos nuevamente Pelegrina con su castillo, y la cuesta que bajamos esta mañana nos amenazaba con su subida de 300 metros como postre para los casi 25 kilómetros que ya llevábamos.

Una vez subida la cuesta, otra vez a la búsqueda de bar para tomarnos un cafetito. Sabíamos por la vez anterior que vinimos que aquí si hay bar y sabíamos donde estaba, pero otra vez los hados hosteleros se habían puesto en contra nuestra: estaba cerrado. Bueno eran sobre las 6 de la tarde y la noche empezaba a caer lentamente. Entonces decidimos que de vuelta a Madrid, en el primer bar de carretera que viéramos, pararíamos. Así fue, y en la famosa venta del KM 103 de la carretera de Barcelona pudimos tomar nuestro café.

Así termino esta agradable ruta por el río Dulce. Ah, por cierto, durante la vuelta a Madrid en el coche nos enteramos que España había ganado la Copa Davis del año 2008 que se jugaba contra Argentina, en cuya capital, Buenos Aires, me encuentro en el momento de redactar este relato.

 3 de Febrero de 2009

 Juan Carlos-Charlis

 

 

06/01/2009 12:44 Autor: Trote Cochinero. #. Tema: Rutas montañeras No hay comentarios. Comentar.

Subida a la Maliciosa desde la Barranca

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19 de Julio del 2.008

 Descripción de excursiones y senderismo

La tarde era calurosa cuando a las 17:30 de la tarde nos dirigíamos a la Barranca, lugar de inicio. No apetecía demasiado caminar bajo la calorina del día. Se llegó sin dificultad por la carretera de Colmenar. Aparcamos el coche en frente hotel y antes de emprender la subida nos metimos una cerveza en la cafetería. Esta estaba tranquila y apenas un par de matrimonios mayores ese solazaban después de la siesta bajo los pinos de la terraza, donde el único ruido eran unos pocos pájaros.

Nos dio pereza comenzar. Fernando sabía que había que ascender pero desconocía el grado, pero yo era plenamente consciente del nivel de dificultad, era la tercera vez que la recorría. La cerveza estaba fría y comentábamos animados nuestras últimas andanzas por el Camino. Se estaba bien en aquel lugar que protegía del calor exterior. A las siete menos cuarto cargamos las mochilas y comenzamos a recorrer el camino de tierra que parte al lado del pantano. Entre los pinos se iba bien aunque la ascensión comienza ahí mismo. El recorrido era obvio hacia el fondo del valle. La conversación no faltó.

Hicimos algún recorte al camino pero básicamente le continuamos todo el rato en una suave subida. En un zig-zag abandonamos el camino para subir a la fuente de la Campanilla. Allí mismos hicimos una breve parada a repostar. Ya estábamos sudados pero todavía había fuerzas, solo llevábamos cuarenta minutos y 240 metros de desnivel. Por detrás de la fuente se inicia el sendero que lleva al collado del Piornal o del cubo de basura, como nosotros le bautizamos. Desde aquí la vista de la Maliciosa se hace angosta y deprime observar lo mucho que queda de ascensión, es conveniente ver el hermoso paisaje pero no pensar en lo que queda, os juro que deprime. Durante un rato nos acompañaron los pinos, pero cada vez estaban más desperdigados y las piedras eran más frecuentes. La conversación cedió ante una respiración forzada, las fuerzas e empleaban en la ascensión.

Al cuarto de hora dejé de oír a Fernando, mire para atrás y estaba resoplando con la camisa empapada de sudor, se había sentado a reponerse del esfuerzo. Esto se repitió dos o tres veces. El camino se retuerce sobre si mismo buscando y acompañando la bajada del arroyo. Nos encontramos con un grupo de tres personas que bajaban de la Maliciosa. Habían empezado a las tres de la tarde en Navacerrada y ya iban de retirada. Me puse en su lugar y me asombré de lo mucho que aguantaban el calor. Nos dieron ánimos y breves momentos de conversación.

A mitad de la subida se pasa por un trecho donde el sendero desaparece y se tiene que ascender por una pequeña pedrera. El piornal se hace cada vez más frecuente y el paisaje que se observa, en cada parada, era más amplio y hermoso. Estábamos por encima de la línea de los pinos. También os cruzamos con un individuo que estaba bajando con sandalias sin calcetines que nos pareció una especie de hippie que apenas se digno a darnos las buenas tardes. A las nueve y cuarto llegamos al alto del piornal, habíamos ascendido a los 2076 metros desde los 1380 en que se encontraba la Barranca.

Fue una subida dura por lo concentrada de la misma. Hubo momentos en que se dudaba que se pudiera seguir ascendiendo. Fernando llegó a amenazarme: - La próxima vez te ato u ancla a la mochila para que subas más despacio. En el alto se siente uno orgulloso del reto vencido. Las vacas pacían tranquilas permitiendo ver las antenas de la Bola del Mundo y los altos de Peñalara, Valdemartín y Cabezas de Hierro Mayor y Menor, todos ellos de altura superior a los 2200 metros. Por la derecha se ve la suave subida a la Maliciosa. La parte dura de la ascensión acabó aquí, ya sólo resta una subida más tendida que lleva al borde del barranco y posteriormente por un leve cresteo llegar a la cima. De frente se desciende hasta la Pedriza pero nosotros continuamos hacia nuestro destino, ya a estas horas se notó la bajada de la temperatura.

Llegamos a un collado al borde de la cuesta donde era posible ver todo el valle de Madrid y distinguimos con facilidad los pueblos de Villalba, Guadarrama y, al fondo, el Valle de los Caídos y el Escorial. Por encima se veía el alto de los Leones y después la llanura segoviana. Se distinguía la Comunidad de Madrid a nuestros pies, aunque una ligera bruma nos impedía dominar la ciudad. Aún así fascina ver la autopista de la Coruña con sus luces, los pueblos del llano y sobretodo los montes solitarios y sin luces. Es alucinante lo resplandeciente que se encuentra la llanura de Madrid a diferencia de la segoviana, que se ve oscura y libre de contaminación.

Junto al borde, entre unos peñascos que algo nos protegían establecimos el campamento. Esterillas al suelo y sobre ellas el saco. Lo angosto de la zona nos colocó distantes a Fernando y a mi, pero había que aprovechar los pocos llanos de los que disponían. Ya oscureciendo y con solo una leve luz en el horizonte comenzamos a dar cuenta del bocata que nos serviría de cena. Apenas habíamos empezado cuando un grupo de seis personas pasaron junto a nosotros. Eran unos amigos que habían decidido ir a la Maliciosa desde Navacerrada en una marcha nocturna. Estaban recorriendo de forma metódica todos los dos miles de España, y hoy les había apetecido ver la luna llena desde este pico. Conversamos un rato con ellos y comprendimos que los aficionados a la montaña son muchos, y cada cual tiene su forma de comprenderla y amarla.

A nosotros nos quedaban unos diez minutos para llegar a la cima pero preferimos hacerlo mañana con una mejor luz, aquí teníamos un hermoso observatorio con algo de resguardo del viento. Era fascinante el cielo estrellado con una luna llena que inundaba de luz. Los ojos se acostumbraban y permitían seguir el camino.

Aquí nos sentíamos pequeños ante la grandeza del entorno. Se notaba el frío, ¡que diferencia de la temperatura entre las siete de la tarde y las once de la noche! Ahora apenas hacía diez grados. Conversamos Fernando y yo de las diversas vicisitudes de nuestra subida, pero siempre con orgullo. Una vez realizado el esfuerzo me maravillo de haber superado un reto. A las doce y media nos metimos en los sacos. Creíamos que la zona ya estaría tranquila, pero divisábamos luces de linternas en Valdemartín y Cabezas de Hierro. Había más gente que había tenido ideas similares a las nuestras. Pensando estas cosas volvimos a oír a los caminantes, que ya iban de vuelta. Poco después me quedé dormido en paz conmigo mismo.

A las dos y media me despertó la voz de Fernando que daba aviso a otros caminantes, para que no nos pisaran o se llevaran un buen susto por nuestra presencia. Eran otro grupo de chavales que iban dando voces. Estos iban de botellón al alto. Habían partido de Navacerrada a las doce de la noche. Pensé que aquello era la Gran Vía de la sierra y lo que pensaba que sería soledad y tranquilidad se había convertido en un constante ir y venir. Hacía frío fuera del saco pero el cielo estaba precioso e iluminado por la gran lámpara de la noche.

A última hora me quedé dormido y fui despertado por el sol iluminándome la cara. Fernando ya se había levantado y estaba sentado en una piedra dando cuenta de su primer cigarrillo. No terminé de abrir los ojos cuando un corredor pasó a nuestro lado dándonos los buenos días. Nos sorprendió como saltaba de piedra en piedra, cuando nosotros íbamos despacio él no tenía temor a torcedura alguna. Tras un leve desayuno de zumo y galletas recogimos el campamento y nos dirijimos a alto. Eran magníficas las vistas desde la piedra del punto geodésico, pese a una ligera bruma. Se distinguían perfectamente la Pedriza al fondo y los pueblos de la llanura. Me agradó esta visión desde esta atalaya de rapaces. Me imaginé las sensaciones de los pájaros desde la altura viendo pasar a sus pies tierras llenas de vida y sintiéndose libres. En el alto estuvimos poco rato pero la satisfacción fue notable.

Desde aquí volvimos sobre nuestros pasos hasta el collado de la papelera,, pero las sensaciones fueron distintas a las de la tarde-noche anterior. La luz deslumbraba y amenazaba un día caluroso. Las cosas cambian sus características con la luz e influye directamente sobre nuestro estado de ánimo.

Ascendimos hasta la Bola del Mundo (Alto de Guarramillas) en poco más de veinte minutos desde el collado del Piornal y otros veinte más desde la Maliciosa. Este era nuestro segundo dos mil del día (2268) y punto más alto de la marcha. También es cierto que no habíamos bajado de esa altura desde que llegamos a la papelera. Aquí las antenas me recordaron mi niñez, cundo salía al campo o iba por la carretera y era un punto de referencia desde muchos puntos distintos de Madrid o Segovia.

Aunque afea el paisaje me resultan entrañables esas antenas con forma de cohete. Apenas paramos un momento para fotografía, teníamos ganas que estuviera abierto el bar del remonte para tomarnos un apetitoso café.

Desde aquí por una pista de cemento que da servicio a las instalaciones desde el puerto de Navacerrada, bajamos hasta el remonte de la estación de esquí. No tuvimos suerte, estaba cerrado a cal y canto. Hoy no tocaría tomar la ración correspondiente de café. Continuamos la bajada dirigiéndonos a la cuerda de la Cabritillas (1960 metros) en la que abandonaríamos la pista. Nos sorprendió el esfuerzo de algunos ciclistas que remontaban hasta la misma Bola con bicicletas de carretera. No conozco el Anglirú pero puedo asegurar que este tramo de dos kilómetros hay algunas rampas que se aproximan al 20 por ciento. ¡Vaya esfuerzo!

En la cuerda hicimos un parada a tomar el resto de los bocatas que habían quedado de la cena del día anterior. Se estaba bien al sol después de una noche fresca. Comprendí las sensaciones que debe tener un lagarto solazándose sobre las piedras de granito.

Todavía nos quedaban unas dos horas de caminata y queríamos llegar pronto a Madrid. Cogimos la senda de la tubería que tras una primera brusca bajada se encuentra una fuente de agua helada que nos vino muy bien para reponer las reservas. Seguimos por la misma senda bajando de una forma suave y con vistas al pequeño valle de la Barranca. Abundan los pinos y en muchos momentos dan protección a la senda. Es posible ver la Maliciosa y las antenas del Alto de Guarramillas en un paisaje muy representativo de este macizo central. Es un agradable paseo en suave descenso.

Sobre la llegamos al mirador de las Canchas (1760 metros) donde revisamos los paneles para descubrir los diversos montes que rodean el valle. Aquí había mucha gente que había aprovechado el domingo para degustar de un magnífico paseo. Ya desde aquí cogimos el camino que nos llevaría en algo menos de una hora al aparcamiento del fondo del valle. Aquí dimos cuenta de una apetecible cerveza y una posterior comida sentados en la agradable terraza del hotel.

Se podría resumir como una subida dura y muy montañera con un desnivel de unos 850 metros, donde es destacable el tramo desde la fuente de la Campanilla hasta el collado del Piornal. A las cuatro de la tarde emprendimos la vuelta a casa con el espíritu feliz de haber cumplido un sueño y una noche en uno de los dos miles de la Comunidad de Madrid.

Uxama

06/01/2009 12:45 Autor: Trote Cochinero. #. Tema: Rutas montañeras No hay comentarios. Comentar.

Cascada del Purgatorio

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3 de Enero de 2009

Si quieres ver el perfil de la ruta o descargarla para verla en Google Earth pincha aqui

Esta es una ruta de ida y vuelta de aproximadamente 12’2 km, con una dificultad sencilla, pues no tiene desniveles destacables y el camino esta en muy buen estado, excepto los últimos 200 metros que hay que andar sobre alguna que otra piedra, y que discurre desde el Puente del Perdón, frente al Monasterio del Paular en Rascafría (Madrid) hasta la llamada Cascada del Purgatorio.

Presentación fotográfica del día

Buenos dias Amigos Trotineros, esta excursión la recordaremos sobre todo por el miedo que pasamos. Pero no adelantemos acontecimientos.

Quedamos como siempre tempranito (hacia años que no me sentaba tan mal escuchar el despertador, despues de darme cuenta que no tenia que ir a currar, la cosa cambio) La mañana estaba como para darse media vuelta y no salir de la cama. Oscura, fria y lluviosa. Pero ya era tarde para cambiar de planes, lo mejor echarse al monte e improvisar sobre la marcha. La idea inicial era subir al pico del Aguila, o en su defecto si el tiempo estaba mal darse un garbeo por las cercanias de Cercedilla. El tiempo no estaba mal, estaba peor. un dia desangelado, humedo, fíio y la lluvía cada vez caía con más fuerza. Nos metimos en la cafeteria de la estación de Cercedilla a tomar un cafe calentito y hacer tiempo para ver si escampaba. A medida que aumentaba la lluvia, también aumentaba la pereza por echarse al monte, total que decidimos cambiar de paisajes, e irnos a la Granja de San Ildefonso a pasear por los jardines y comer por allí.

Cojimos el coche y subimos por Navacerrada. Al llegar al puerto estaba todo completamente nevado, estaba tan bonito que quisimos parar para hacer un poco el tonto con la nieve y tirarnos unas fotos. Esta decisión marco nuestro destino del dia. Intentamos aparcar el coche, tarea que fue imposible. A tope todo, ni un hueco donde dejar el coche.En busca de sitio nos dejo orientados en dirección a Cotos y avanzamos buscando un lugar donde poder dar la vuelta, para ir en dirección a la Granja, tarea que fue imposible dada la gran cantidad de nieve acumulada y la cantidad de coches que había por todos lados (habia mas gente que en un "afterhauers" a las 12 del mediodia) y tiramos para Cotos. Cuando estabamos casi llegando empezo a nevar copiosamente, al principio muy bien, que bonito. Joy, joy, joy feliz navidad, que chuli, sobre todo viendolo desde el confort proporcionado por la calefacion del coche. En Cotos la misma historia de navacerrada, ni un p.... hueco donde dejar el coche, y ahi empezaron nuestros problemas.

Con mucha pena por nuestra parte porque todo estaba precioso y achuchados amablemente por la guardia civil tiramos en dirección al Paular. No habíamos avanzado ni cien metros cuando tuvimos que parar, se formo un pequeño tapón de varios coches provocado por dos todoterrenos de la guardia civil. Estando parados no entendíamos nada, no sabíamos si la carretera estaba cerrada, o que pasaba. Un quitanieves paso en dirección contraria cual camicaze con diarrea, a toda hostia, si Juan Carlos no se aparta un poco le tunea el coche pero bien. Seguía nevando cada vez con mas fuerza y seguíamos parados perdiendo un tiempo precioso y la carretera cada vez mas blanca. Ya se empezaba a notar la preocupación en nuestras voces. No podíamos avanzar, ni tampoco dar la vuelta. La carretera se helo en un momento. Vimos un coche en sentido contrario cuesta arriba que las estaba pasando canutas para poder avanzar. Se iba para todos lados menos para adelante le tuviero que ayudar 4 guardias para enderezarlo. Cuando consiguió salir los guardias volvieron a sus vehículos y se las piraron a toda prisa, allí que nos dejaron sin saber si la carretera esta bien o fatal.

No tardamos ni un minuto en comprobar que durante los 15 minutos que estuvimos parados la carretera se cubrió con una capa de hielo estupenda para el patinaje artístico, no para circular. Arrancamos con muchisima precaución, no había mas narices que avanzar y tirar "pa lante". El coche se notaba que cada vez patinaba más. Un silencio sepulcral había en el coche roto de vez en cuando con voz temblorosa por las bromas que nosotros mismos hacíamos de la situación, más para mantener la calma y espantar el miedo que poco a poco nos invadia y alejar malos presagios. La verdad es que acojonaba el asunto (si llego a ser yo el que conducía hubiera perdido por lo menos 20 kilos) y seguía cayendo la nieve, cosa que ya no nos hacía tanta gracia. Poco a poco y gracias a la pericia al volante de Juan Carlos fuimos avanzando, era inversamente proporcional lo poco que avanzabamos y lo mucho se se estaba encogiendo el estomago. La tensión iba en aumento y la carretera seguia blanca.Los coches que subian tenian todos cadenas, y no sabiamos si nos estabamos metiendo en una encerrona. Risas nerviosas, la tension se mascaba. Poco a poco fuimos perdiendo altitud y la nieve paso a ser agua. La carretera se empezaba a ver y poco a poco fuimos cogiendo confianza pero seguiamos avanzando pisando huevos. Por fin, suspiramos al llegar a una zona donde no había nieve y la carretera estaba bien, pero creo que la tensión acumulada por Juan Carlos le impedia acelerar y asi al tran tran llegamos a la zona de las Presillas. Nos paramos y, aunque llovía un poco, bajamos a estirar las piernas y a soltar la tensión acumulada.

La idea era un paseito por las Presillas y luego ir a comer a Rascafria, con lo cual no cogimos las mochilas, error que luego pagamos pasando mas hambre que el perro de un ciego. Aunque llovía, para soltar los nervios apetecía pasear, con lo cual el paseo por las Presillas nos supo a poco, y seguimos por un camino ancho y comodo. Llaneando poco a poco nos fuimos adentrando en el bosque, y en animada charla fuimos avanzando sin un rumbo concreto. Al cabo de un rato dimos con unos paisanos que le preguntamos la distancia hasta la cascada, nos comentaron por donde se llegaba y que se tardaba como una hora. Esto nos animó a ir a verla. Nuestra pereza de por la mañana a echarnos al monte, cambio por unas ganas enormes de caminar, supongo que para contrarestar el mal rato pasado en el coche.

La excursion se convirtió en un agradable paseo, el camino no era malo y no estaba demasiado embarrado. Se andaba bien. Llovía a ratos pero suavemente y no hacia frío. El campo y el bosque tenían un color y un brillo especial. A ambos lados del camino estabamos rodeados de unos densos bosques de Robles, ya con pocas hojas. Entre los árboles desnudos se divisaba a lo lejos los montes con el gran contraste entre el verde y el blanco. Y las hojas caídas enmoquetaban el monte de un rojizo especial. Se respiraba paz, no se escuchaba nada más que los ruidos del bosque y nuestras risas. No había nadie, el monte para nosotros solos (ventajas de ir al campo en día de lluvia) seguimos avanzando y poco a poco, olvidadas ya las tensiones, fuimos cogiendo buen ritmo, tanto que estábamos empapados pero de sudor, y aflojamos la marcha.

Poco a poco caminabamos por una suave pendiente, y el bosque de Robles poco a poco se convirtió en un pinar de los magníficos pinos silvestres que con la humedad y las nieves que ya empezabamos a ver creaban un magnifico paisaje. A todo esto caminabamos a vera del río que traía bastante agua con lo cual su sonido nos acompañaba todo el trayecto y nos envolvía ayudando a darle magia a la excursion.

Ya estábamos cerca de nuestro destino cuando el camino se complicó un poquito. Barro, nieve y hielo y el sendero empinado. Mi cóctel preferido. el camino no era tan malo pero dado mis inseguridades (no olvidar que encabezo el ranking de accidentes trotineros) ralentizamos la marcha y así al tran tran, trote cochinero y reductora llegamos a la cascada. No es una gran casacada pero el paraje estaba muy bonito. El agua caía con fuerza y su ruido rebotaba en las altas paredes de piedra que nos rodeaban creando un decorado muy especial.

Pese a no ser una gran caminata y con camino fácil de repente nos dimos cuenta de que estabamos cansados (algo tendría que ver la aventura por carreteras Siberianas) y con muchisima hambre, con lo cual volvimos ligeritos en busca de los bocadillos que tan ricamente nos dejamos en el coche. La estancia en la cascada hubiera sido perfecta si le hubieramos podido incar el diente. Al trote cochinero, esta vez sin reductora volvimos rapiditos hasta el coche que lo dejamos aparcado en el Monasterio del Paular, donde nos refugiamos bajo la arqueria del patio central para desgustar nuestro ansiado almuerzo. La degustacion fue vista y no vista dado el hambre que traíamos, pero aún así nos quedamos fríos y no esperamos a que abrieran el monasterio para visitarlo. Necesitabamos algo caliente con urgencia. Y nos acercamos al cercano pueblo de Rascafria en busca de un café calentito donde reconfortar nuestros huesos.

Resumiendo fue un dia estupendo improvisando sobre la marcha, segun las circunstancias. Que pese a lo que prometía el día al final salio muy bien. Cuando salimos por la mañana, no sabíamos muy bien por donde trotariamos y al final acabamos precisamente donde desechamos ir el dia anterior. Estabamos predestinados a ir al Purgatorio, pero antes pasamos por el infierno.

Esta excursion la hicieron el Sábado 3 de Enero de 2009    Juan Carlos (que aprobo el curso de conducción invernal) Alberto y Fernando, que se alegraron del aprobado. 

FERNANDO (Klarin)                                                                                               

 

06/01/2009 20:51 Autor: Trote Cochinero. #. Tema: Rutas montañeras No hay comentarios. Comentar.

Cercedilla-Pto Navacerrada-La Maliciosa

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25 y  26 de Julio de 2008

Si quieres descargar la ruta para verla en Google Maps o en Google Earth pincha aqui

Esta es una ruta de ida y vuelta de aproximadamente 26,7 km, con una dificultad media-alta, pues tiene varios desniveles importantes (puerto de la Fuenfria, subida a Bola del Mundo desde el Puerto de Navacerrada y por último la bajada y la subida del Collado del Piornal que une Bola del Mundo con la Maliciosa) y su longitud es elevada, teniendo en cuenta que es una ruta de montaña.

Estamos en los típicos días veraniegos de Madrid. Fernando y yo quedamos temprano en la estación de Atocha para coger el tren con destino a Cercedilla. El viaje en tren se realizó sin ningún tipo de contratiempo y llegamos a Cercedilla un poco antes de las 10’30h. Salimos de la estación y animados por lo que nos esperaba, empezamos a caminar camino de las Dehesas de Cercedilla. El camino a éstas, o mejor dicho la carretera, durante estos 3 primeros kilómetros es un poco desalentador, ya que trascurre siguiendo el asfalto bastante transitado y con una ligera pero constante subida. Como a un kilómetro de Cercedilla, en la margen derecha de la carretera se encuentra una fuente, en la que paramos para llenar las cantimploras y nuestros amados y queridos camelbacks (la "camella" para Fernando o el "bibe" para mí). Seguimos caminando hasta que las casas empiezan a desaparecer y llegamos al centro de Atención de Visitantes que se encuentra a la entrada de las Dehesas. Este es una coqueta casa de madera en la que nos informamos de posibles  rutas a seguir y nos dejaron un mapa para que nos orientáramos. Al lado del este centro se encuentra un mojón y un cartel informativo de nuestro amado Camino de Santiago, en este caso el de Madrid, ya que el mismo pasa por aquí para atacar la Sierra de Guadarrama por el puerto de la Fuenfría y tomar la Meseta Norte para encontrarse con el Camino de Santiago Frances en Sahagún. Se encuentran marcas del Camino, flechas amarillas, en la ruta que seguimos desde la estación de Cercedilla, y no nos dejaran hasta que coronemos el puerto de la Fuenfría y nos apartemos del Camino.

Una vez hecha la foto de rigor, seguimos por la carretera que sigue subiendo hacía las Dehesas. Después de aproximadamente un kilómetro de andar por la misma, en esta ocasión ya rodeado solo de pinos, llegamos al final de la misma, y al bar restaurante Casa Cirilo. Como era la hora del almuerzo y teníamos cierta “gusa”, para celebrar que la carretera afortunadamente se convertía en un camino, nos dispusimos a degustar una cervecita con el correspondiente pincho de tortilla.

Tras una media hora retomamos el camino, y después de cruzar la valla que impide circular a los vehículos por la pista forestal en la que se ha convertido la carretera, rodeado por pinos y acompañados por nuestras entrañables flechas amarillas y las marcas de puntos rojos, amarillos, blancos… de las diferentes rutas que trascurren por el valle de la Fuenfría. La ruta a partir de aquí se torna cada vez más empinada, y los “fuelles” empiezan a necesitar oxigeno. Siguiendo este camino empinado llegamos hasta el puente del Descalzo y comienza empinada la calzada romana. Este tramo de calzada es una de los más fuertes de la subida a la Fuenfría, puesto que es bastante empinado, y las piedras que componían la calzada hacen que haya que hacer un esfuerzo adicional para superarlas. En este tramo Fernando me saco unos cien metros, puesto que tuve que aminorar mi ritmo. Una vez superado este tramo, la ruta vuelve a convertirse en senda, esta vez más estrecha, que entre árboles de porte bajo, se encarama sobre las vertientes del valle, sobre los pinos y el arroyo de la Fuenfría, que se oye fluir en el fondo del valle, hasta llegar al Puente de Enmedio. En el mismo me esperaba Fernando, que como ya he dicho me adelante unos metros, y yo que estaba ciertamente agotado emplee, junto con Fernando, para descansar unos minutos y echar un trago de agua. Yo estaba ciertamente contento, puesto que ya nos quedaban pocos metros para coronar uno de los hitos de nuestra ruta: el Puerto de la Fuenfría.

Pero estos metros restantes no son precisamente un camino de rosas, otra vez retomamos la calzada romana, y por una fuerte subida, este tramo es muy parecido al que he descrito antes, de hecho mi memoria los confunde, coronamos el puerto. En este tramo, Fernando nuevamente se destacó, y cuando llegue a la cima del puerto allí se encontraba esperándome. El puerto de la Fuenfría tiene una belleza impresionante: a la derecha los Siete Picos, a la izquierda el Montón de Trigo, a nuestra espalda el valle de la Fuenfría y de frente se abren los pinares de Valsaín. Después del esfuerzo de la subida final tocaba descansar un rato, y así lo hicimos, con las consabidas fotos y los traguitos de agua del “bibe”. En el puerto podemos encontrar varios pequeños “monumentos” conmemorativos: al fundador de la Asociación del Amigos de Madrid del Camino de Santiago, un cartel informativo de la calzada romana, otro hito del Camino de Santiago… Fernando observó que bien que el día de Santiago, era 25 de Julio, hubiéramos caminado aunque fuera solo unos pocos kilómetros el Camino de Santiago. Pero a partir de aquí abandonamos nuestro querido Camino, que marcado por su hito correspondiente y que siguiendo un poco a la izquierda desde la subida al puerto se dirige hacia Segovia, puesto que nosotros tomamos la senda de la derecha, el Camino Schmidt, que a los pies de los Siete Picos nos llevaría al puerto de Navacerrada.

A partir de aquí, la ruta se vuelve mucho más cómoda, no tiene una tendencia de subida o bajada, aunque si tiene subidas o bajadas puntuales, y que entre pinos nos conduce al puerto de Navacerrada. A partir de este punto Fernando y yo ya caminamos juntos y entre alegre charla, pasando por la fuente de la Fuenfría, la bifurcación de la Senda Cospedes y al collado Ventoso, hizo que llegáramos a Navacerrada, en mi caso con cierto cansancio y hambre, puesto que era la hora de comer. El camino Schmidt llega al puerto de Navacerrada atravesando la pista del Bosque y se une a la carretera que da acceso a la residencia de Cogorros, a los pies de la pista del Escaparte. Estos últimos cientos de metros hasta el puerto son de carretera.

 

Llegamos al puerto  a la hora de comer, y dispuestos a comernos un “buey con habas”. Vimos las cartas de los restaurantes y por fin nos decidimos por sentarnos en la terraza de Venta Arias. Protegidos del sol de julio por el toldo que cubre la terraza y con animada charla disfrutamos de una animada sobremesa acompañada de las correspondientes copas y chupitos y que nos hizo sentir como si estuviéramos de vacaciones en una playa del Caribe, y no a escasos 60 Km. de Madrid. La tarde pasó como un suspiro, y a las siete de la tarde, un poco tarde puesto que nos  quedaba sobre una hora y media de luz, decidimos retomar la ruta subiendo a la Bola del Mundo. Rellenamos las cantimploras y los bibes, puesto que tanto en Bola del Mundo como en Maliciosa no hay agua (o si la hay no lo sabemos). Contentos y alegres, e incluso un poco achispados por las copas, tomamos las fuertes rampas que suben a la Bola del Mundo. Hasta el último tercio Fernando y yo subimos juntos, pero mis fuerzas comenzaron poco a poco a flaquear, y cuando llegamos a la pista hormigonada que sube a Bola, Fernando se destacó. Pasando por la estación superior del telesilla de la Bola, todavía quedan algunas rampas más hasta llegar a las instalaciones de los repetidores de TV que conforman la conocido silueta de la Bola, y que se encuentran en la cima de la Bola del Mundo, conocido también como el alto de Guarramillas. Fernando me esperaba aquí, y el sol comenzaba a ponerse. Una vez que nos volvimos a juntar, rodeando las instalaciones de TV, tomamos el camino de descenso al collado del Piornal. Este descenso es bastante brusco, con bastantes piedras en el camino, lo que hacía que una vez pasados los efectos euforizantes del alcohol mi estado físico comenzaba a caer. Como la luz se agotaba, ahora nuestra única prioridad era buscar un sitio donde vivaquear.

Terminamos descendiendo todo el collado, justo hasta donde comienza el ascenso a la Maliciosa. Allí, junto a un gran pluviómetro,  a mano izquierda comienza una escorrentía, y siguiendo por ella unos 50 metros,  ya casi sin luz encontramos  dos pequeñas zonas planas en las que poder extender los sacos: acabábamos de encontrar la Suite Presidencial del Hotel de las Estrellas que nos iba a acoger esta noche. Casi sin luz natural y alumbrados por nuestro frontales disfrutamos de una frugal cena a base de sándwiches, fruta y terminamos con un batido de Cola Cao que nos sirvió para recordar nuestro Cola Caos Peregrinos que Fernando y yo tenemos por costumbre tomar antes de irnos a dormir cuando estamos de camino a la tumba del Apóstol. Una ve cenados, y en vista de que la película que ponían en la tele (jeje…) no era muy buena decidimos irnos a dormir. La noche, aunque de verano, estaba fresca, así que como estábamos a la intemperie me enfunde en el saco y me dispuse a dormir. Mi sensaciones es que esa noche no dormí muy bien, aunque Fernando me dijo que nada más meterme en el saco comencé a deleitarle con mis  ronquidos. Lo que  si recuerdo es que lo noche era oscura y que sobre las tres de la mañana, abrí los ojos y vi una tímida Luna cuyos rayos intentaban traspasar la cerrada niebla que nos rodeaba. A la mañana siguiente Fernando me comentó que también había dormido mal, y que en cierto momento notó que todo esta mojado y estuvo a punto de despertarme puesto que creía que estaba lloviendo, y teniendo en cuenta que estábamos en una escorrentía, si empezaba a llover y el agua comenzaba a correr por ahí, teníamos el peligro de ser arrastrados por la lluvia, pero todo quedo en la humedad condensada por una fría noche.

 

Desperté cuando el sol estaba ya en lo alto, pero como era pronto, decidí taparme la cabeza con el saco y seguí durmiendo. A las diez y media de la mañana, con un sol ya radiante me volví a despertar y ahora si me decidí a levantarme. Allí estaba Fernando, que también se acababa de levantar, sentado fumándose un cigarrito y esperando a que un servidor se decidiera a enfrentarse con el mundo. Una vez vestidos, y mientras desayunábamos, vimos a gente que ya se encaminaba a la Maliciosa, así que volvimos a emprender la marcha.

La subida hacía la Maliciosa tiene algunas rampas fuertes, pero la mayor dificultad quizás sea seguir la senda, puesto que la misma se pierde entre las piedras y los pequeños matorrales que pueblan las faldas de la Maliciosa. Tras unos 45 minutos de subida, llegamos a vértice geodésico que marca la cumbre, y despojándonos de las mochilas, de hacernos las fotos de rigor y de admirar el fabuloso paisaje que se observa desde allí, comenzamos a elaborar la marcha “cumbre” para la primavera del 2009: bajar a Canto Cochino (La Pedriza) desde la Maliciosa, puesto que estábamos viendo perfectamente la parte alta de la Pedriza y su camino de las zetas.

 

Una vez logrado nuestro objetivo, nos quedaba ver como iba ser el retorno: volver a la Bola, tomar el Collado de Valdemartín para bajar a Valdesquí y de allí a Cotos, o bien volver por donde habiamos venido hasta Navacerrada y allí coger el tren a Cercedilla y Madrid. Esta última fue nuestra decisión final, y volvimos a descender hacia el Collado del Piornal, donde habíamos dormido. Esta vez perdimos la senda de bajada y de repente me vi en medio de un enorme pedregal en el que era difícil caminar, así que me tuve que armar de paciencia y bajar estas rampas como pude. Nuevamente Fernando se adelantó y me volvió a esperar al pie del puvliometro gigante. Otra vez reunidos, nos dispusimos a subir las rampas que la tarde anterior habiamos bajado, pero esta vez conseguí subir prácticamente a la vera de Fernando. Una vez coronada la Bola de Mundo, y  junto al vértice geodésico, Fernando compartió un pitillo con una pareja que allí estaba disfrutando del paisaje en este soleado día de finales de Julio. Tomamos la bajada hacía la estación del telesilla y allí vimos que se veía un coche y que ondeaba una bandera, lo que nos hizo suponer  que estaría abierto el bar, así que animados por la esperanza de poder tomarnos cerveza fría: era sobre la 1 o las 2 del mediodía, el día estaba muy soleado y por esas alturas sin sombra el sol se aplicaba con todo el rigor y por último estábamos agotando el agua que la tarde anterior habiamos cogido en Navacerrada, nos hizo bajar a muy buen paso. Efectivamente, el bar estaba abierto, así que nos cogimos dos cervezas frías, y nos la tomamos tan a gusto en la pequeña terraza que estaba dispuesta. Otra vez el paisaje era maravilloso: se veía en primer plano todo el valle  de la Barranca, con su hotel al fondo y más allá la planicie madrileña.

 

Saciada la sed, el hambre comenzó a surgir, así que decidimos bajar de nuevo al puerto de Navacerrada a comer. Deshaciendo los pasos de la tarde anterior, aunque esta vez de bajada, en unos 40 minutos nos encontramos otra vez en el puerto. Esta vez decidimos comer el restaurante Dos Castillas, servidos por dos simpáticas camareras gemelas.

Terminamos de comer y bajamos hacía la estación del puerto de Navacerrada, dispuestos a coger el primer tren que nos bajara a Cercedilla, y allí enlazar con el tren a Madrid. Una vez en el tren a Cercedilla, y recordando los tiempos mozos, decidimos tirar las mochilas al final del vagón y tumbarnos cual quinceañeros. En esta zona del vagón también se encontraban dos muchachas que fueron pilladas infraganti por el  revisor sin billete, sin dinero para pagarlo y sin la humildad suficiente como para que el revisor se compadeciera de ellas, de tal manera que terminaron denunciadas y apeadas del tren en la estación de Camorritos, y nosotros como espectadores de primera fila. El fin de semana terminó en el tren de vuelta a Madrid, en mi caso rojo como un tomate por el Sol que me había dado, cansado pero satisfecho por el fin de semana serrano que nos permitió alejarnos de las preocupaciones de la vida en Madrid.

 

16 de febrero de 2009

Juan Carlos-Charlis

 

 

07/01/2009 14:39 Autor: Trote Cochinero. #. Tema: Rutas montañeras No hay comentarios. Comentar.

Subida al Yelmo desde Canto Cochino

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20 de Septiembre de 2008

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Esta es una ruta de ida y vuelta de aproximadamente 9,2 km, con una dificultad media, pues tiene desniveles considerables y el estado del camino en ciertos lugares no es bueno al ser de piedra suelta. Aunque la ruta es de ida y vuelta, nuestra propuesta consiste en subir desde la Gran Cañada hasta el Yelmo yendo por la senda Maeso, y bajar directamente desde el  Yelmo a la Gran Cañada.

07/01/2009 15:14 Autor: Trote Cochinero. #. Tema: Rutas montañeras No hay comentarios. Comentar.

Pantano de Picadas

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21 de Diciembre de 2008

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Esta es una ruta de ida y vuelta de aproximadamente 13’6 km, con una dificultad sencilla, pues es completamente llana y el camino está en muy buen estado discurriendo por ambos lados del Embalse de Picadas.

Presentación fotográfica del día

Descripción de Excursiones y Senderismo

Nos reunimos los compañeros trotineros y decidimos dar un paseo suave, como los que gustan a Fernando. Juan Carlos fue quien marcó el recorrido. Temprano nos recogió Juan Carlos y no dirigimos hacia la carretera de los pantanos. El día era muy frío pero el cielo estaba despejado y con ese azul espectacular de los días de invierno donde la contaminación ha desaparecido y se ven muchos kilómetros. La sierra parecía que estaba al lado.

El recorrido en coche me hizo recordar mi juventud cuando mis padres tenían una casa en Navas del Rey. (¡Cuántos años!) También a Fernando le daba añoranza por motivos similares a los míos. De hecho descubrimos que seguramente coincidiríamos en las fiestas de alguno de los pueblos de la zona. Parezco el abuelo Porretas añorando los tiempos pasados. Bueno continuaré con la marcha que no es sitio para la melancolía. >

Sobre las diez llegamos al puente sobre el Alberche que marca el inicio de la ruta. El ambiente era helador, los charcos congelados y un grado bajo cero en el termómetro. Por un momento, pensé en lo idiota que soy, que a gusto estaría en la cama un sábado por la mañana. Estaría calentito borregueando hasta las tantas. Con un poco de pereza y ya que estaba allí, no me iba a quedar en el coche, estiré las piernas y acompañé a mis compañeros en el paseo.

Bien abrigados comenzamos la ruta por el camino paralelo a las aguas, hoy a punto de congelación, que se creó para que circulara el tren camino de San Martín de Valdeiglesias, allá de 1920. Nunca se llegó a concluir por motivos nunca bien sabidos, pero supongo que serían económicos o políticos. ¡Cuántas obras inútiles se han realizado por capricho político! Este no es más que otro ejemplo.

En este caso la inconclusa obra sirve para poder dar un agradable paseo a la vera de uno de los ríos más importantes de la Comunidad de Madrid. Es un remanso de paz en días como hoy, en verano es un lugar concurrido de domingueros y la tranquilidad da paso a un bullicio atronador. Rodeados de pinares y con unos preciosos reflejos sobre las aguas fuimos caminando. Por momentos, se podía ver una pequeña bruma que levantaba de las aguas dando un aspecto fantasmagórico. El entorno recuerda a la costa Brava Catalana, donde el agua y los pinares son los protagonistas del paisaje.

Primero por la margen derecha, en una umbría de un día claro del mes diciembre fuimos hablando de nuestras andanzas camineras, después cambiando de lado utilizando un puente con algún pescador de truchas y barbos. Este río es súper utilizado por el hombre para capturar agua para la Comunidad, este está jalonado en su recorrido por los pantanos del Burguillo, San Juan y Picadas. En este último nace la tubería de trasvase al embalse de Valmayor. Dudo que el pobre desagüe algo de agua en el río padre, Tajo. Si en todos los sitios se utilizara el agua como aquí el agua del mar, seguramente, disminuiría.

A unos tres kilómetros del inicio se encuentra el puente y un poco después un camino que sube a la urbanización el Morro, y que tantos recuerdos me trae de mi niñez y juventud. Cuantas veces bajé hasta aquí a bañarme en el río. En esta orilla, y ya al sol, se pasa por un túnel de unos cien metros que rompe la rutina. Nos cruzamos con varios caminantes que se solazaban disfrutando de una mañana que ya empezaba a calentar los ánimos. Ya no sentía el frío y tenía los ojos muy abiertos viendo una paisaje tremendamente hermoso. Media hora después, llegamos al embalse y lo primero que nos enseñó fue las instalaciones del CYII y el tubo que remonta la cuesta camino del embalse de Valmayor. Son unas instalaciones que rompen la armonía del entorno, pero comprendí de su necesidad si queremos dar de beber a más de 6 millones de personas que tiene hoy en día Madrid.

Es admirable que se puedan tener bombas capaces de elevar el agua a más de cien metros de desnivel y después enviarla a más de 30 kilómetros. La presa no es muy alta pero nos permitió degustar la técnica de su construcción. Bajamos hasta la base por una escalerilla donde era posible tener una mejor visión de la pared. ¡Fantástico que una obra de hormigón sea capaz de sujetar y controlar varios kilómetros de agua! Después de las fotos de rigor volvimos de esta paseo que ciertamente se hizo corto. El sol ya calentaba lo suficiente para podernos quitar alguna capa de ropa. No tardamos más de tres horas y media en todo el recorrido, con fotos incluidas. Eran cerca de las dos cuando volvíamos al coche y lo que menos nos apetecía era comernos el bocata ya frío. Propuse ir a comer un corderito a Navas y sin pensarlo mis compañeros, que debían tener unos deseos similares, no dudaron un momento.

Con este acuerdo unánime marchamos hacia la carretera antigua del puerto de San Juan y después a Navas del Rey. Tras un par de cervezas, pasamos al salón a zampar unas gustosas paletillas de corderito con ensalada y un Proto fantástico. Tengo que hacer especial mención a las camareras que también ayudaron con su gracejo rumano (o mejor dicho, con sus cuerpos gráciles y gustosos) a hacer más agradable la comida. Terminamos con los correspondientes chupitos. Fernando y yo acabamos con las botellitas de orujo de hierbas y pacharan. Gracias Juan Carlos por ser comedido bebiendo sin alcohol y llevarnos de vuelta a casa.

La vuelta fue tranquila haciendo un pequeño recorrido por Chapinería para que Fernando recordara sitios y lugares vividos en su juventud. Feliz día con marcha suave que completó una jornada hermosa del mes de diciembre.

Uxama

15/01/2009 07:44 #. Tema: Rutas montañeras No hay comentarios. Comentar.

Canto Cochino-Collado de la Dehesilla-El Yelmo

13 de Septiembre de 2008

Presentación fotográfica del día

Descripción de Excursiones y Senderismo

Es un día magnifico del mes de Septiembre. La temperatura es muy agradable y el sol luce en el cielo, ¡pero será una excursión que no olvidaremos!

 

 

 

Llegamos a las puertas de la  Pedriza sobre las 10’00h, antes de que el aparcamiento de Canto Cochino se complete y la cierren (Bueno no la cierran del todo, pero para poder entrar con coche hay que esperar a que salga otro…). Una vez aparcado el coche, el aparcamiento ya estaba bastante ocupado y costó encontrar un hueco, ni cortos ni perezosos no dirigimos a uno de los bares en Canto Cochino para tomarnos un café. Después de una agradable conversación, sobre las 10’45h decidimos ponernos en marcha y comenzar nuestra ruta. Bajamos desde Canto Cochino hasta el río, y una vez cruzado el mismo por el puente tomamos la GR10 (La Autopista de la Pedriza), que sigue la margen derecha del arroyo de la Majadilla. El camino, que discurre entre pinares, aunque de subida es un autentico paseo. Tras aproximadamente 45 minutos de constante pero agradable subida, encontramos una bifurcación del Camino: la GR10, que es la ruta que seguimos, se desvía bruscamente hacia la derecha, tras cruzar el arroyo por un puente de madera, nos lleva a una amplia pradera descubierta a los pies de la ladera en la que se encuentra el Refugio Gines de los Ríos.  Atravesando esta pradera y dejando el refugio a mano derecha se encuentra el camino que vamos siguiendo. A partir de este momento, el camino se vuelve más estrecho y se embravece un poco (hay mas piedras sueltas, las subidas son más pronunciadas, se camina entre matorrales), y tras unos escasos 10 o 15 minutos llegamos al Tolmo: una peña enorme, de forma aproximada a un cubo y que se encuentra en el medio de una pradera. El origen de esta peña es incierto, los geólogos no se ponen de acuerdo en como pudo surgir ahí en medio, pero lo que si esta claro es que se ha convertido en una escuela de escalada, a la que emulan nuestros rocodromos urbanos, lo que atestiguan la multitud de agarres y “ferretería” que se encuentra en la misma (incluso existe una placa en recuerdo de un personaje). En fin, rodeamos el Tolmo para contemplarlo y nos sentamos en unas rocas para descansar unos momentos. Bebimos agua y charlamos brevemente con un par de senderistas que junto con más personas allí se encontraban (Por cierto que a uno de los senderistas que estaban almorzando un perro de otras de las personas le quitó un buen pedazo de queso). Los senderistas nos informaron que el Collado de la Dehesilla se encontraba a aproximadamente 15 minutos.

 

Retómanos la ascensión al Collado, y por casualidades de la vida nos encontramos con dos amigos: Pedro y Juan, que ya regresaban a Canto Cochino. Estos dos amigos, granes conocedores y pateadores de la Pedriza,  habían comenzado a subir al Yelmo desde Canto Cochino a primera hora de la mañana, y para darle más emoción decidieron subir al Yelmo desde la Gran Cañada por la senda Maeso y ahora descendían desde el Yelmo vía el Collado de la Dehesilla dado que tenían que volver pronto a Madrid, y además querían saludar al guarda del Refugio, que es conocido de ellos.

Reanudamos la marcha, y apenas 10 minutos después llegamos al Collado de la Dehesilla. Las vistas desde el Collado son esplendidas: a un lado el valle por el que ascendimos desde Canto Cochino, al otro se abre la planicie castellana, en la que destaca el  Cerro  de San Pedro. Cuando llegamos a la pradera que compone el Collado, nos encontramos más excursionistas que estaban tomando el almuerzo, o simplemente descansando tumbados al Sol. Nosotros nos solidarizamos con los primeros, y dimos cumplida cuenta de los sándwiches que llevábamos, puesto que era la hora de comer.

 

Después de un descanso, continuamos la marcha hacia el Yelmo, vía el Pico del Acebo. Tomamos el camino que partiendo de la derecha del Collado, va ascendiendo poco  a poco por las laderas de las montañas que conforman la parte alta del collado. La senda es estrecha, pero bastante cómoda, puesto que la subida es moderadamente tendida.  Tras unos aproximadamente 20 minutos llegamos a una peña que interrumpe la senda y que hay que bordear trepando por la misma para retomar el camino. El camino se va volviendo cada vez más escabroso, y nos volvimos a encontrar con una nueva peña, más grande que la anterior, que volvía a interrumpirnos la marcha. Otra vez la sorteamos echando mano a tierra y trepando, pero una vez superada no fuimos capaces de encontrar una senda, por lo que guiándonos por nuestro instinto, que nos indicaba la dirección que debíamos seguir, llegamos a la cuerda de los picos que conforman esta parte de la Pedriza, entre los que se encuentra el Pico del Acebo. Andando entre estos picos de caprichosas formas, lo que nos animaba a buscar figuras conocidas: “Mira parece un perro” decía uno de nosotros “y aquella parece un águila” replicaba el otro, llegamos a una zona abierta desde donde se divisaba perfectamente Manzanares el Real, el embalse de Santillana, a lo lejos relucía el pantano del Pardo,  y finalmente destacaban relucientes las torres de la Castellana, adivinándose Madrid a sus pies. ¡Una vista esplendida!

 

 

 

 

 

Seguimos caminado por esta cuerda, en la que encontramos  a varios excursionistas, y tras unos minutos de marcha llegamos a la parte más septentrional de la Pradera del Yelmo. A nuestra derecha, y majestoso sobre su pradera aparece la losa gigantesca que conforma la pared sur del Yelmo llena de pequeñas figuras multicolores, escaladores, que intentan coronarla. La pradera, de forma rectangular está bordeada por el Yelmo a un lado, y por una serie de peñas al otro lado, que conforman una pared que oculta la vista sobre Manzanares el Real. Dado que eran las primeras horas de la tarde, y la misma estaba cálida, decidimos descansar un rato a la sombra de una de las peñas, y entre conversaciones en las que recordamos nuestras andanzas juveniles y traguitos de agua pasamos cerca de 45 minutos.

 

 

 

Decidimos reanudar la vuelta hacia Canto Cochino, tomando para ello la senda que cruza la pradera de derecha a izquierda, mirando el Yelmo, en el sentido descendente. Nos encontramos con más excursionistas sentados a la sombra de las Peñas, a tres caballos que rondan por la pradera y dejamos a mano izquierda la fuente, que casi a ras de suelo, y  a los pies de una pequeña roca, riega con poco agua, dada la época del año, la Pradera. Cuando la Pradera se estrecha al final de la misma, y dado que a mí la escalada me da pánico, Fernando me propuso hacerme alguna que otra foto de tal manera que pareciese que estaba escalando, y para ello dejamos la senda y nos acercamos a la pared del Yelmo, y me hice las fotos haciendo el payaso. Y aquí tuvimos el gran error que hizo que a partir de este momento la excursión se tornara en una experiencia que no olvidaremos, y ahora que ya ha pasado cierto tiempo, de una manera jocosa. Cuando dejamos la senda, no nos percatamos que la misma hace un giro bastante pronunciado a la izquierda, de manera que se abandona la Pradera para iniciar el descenso hacía la Gran Cañada, pero nosotros lo que hicimos fue seguir otra senda que paralela a la Pradera abandona ésta para internarse en el Hueco de las Hoces. Este es un valle muy profundo y escarpado, casi un barranco, que partiendo desde la Pradera del Yelmo se despeña hacia Canto Cochino.

 

 

 

Al principio seguimos una senda que a media ladera del Hueco desciende hacia Canto Cochino, que se adivina en el fondo, y entre risas y bromas la seguimos hasta que sin saber como lo hicimos aparecimos en el fondo del escarpado barranco, rodeados de rocas monolíticas con descensos de vértigo. Dado que sabíamos perfectamente hacia donde teníamos que ir, siempre bajando, y que llegamos a un punto de no retorno, puesto que habíamos descendido por algunas rocas arrastrando el culo por ellas, y que nos resultaba imposible poder subir por ellas, decidimos bajar por entre el laberinto de rocas, pero  siempre con buen humor y gastando bromas sobre los buitres, que bien posados sobre las cesterías del Hueco o bien sobrevolándonos, nos miraban con curiosidad (al menos es lo que creemos…).

 

Llegamos a un punto del laberinto, en que rodeado de moles no podíamos avanzar ni retroceder, y aquí ya me surgió la primera sensación de miedo, pero no íbamos a llamar al 112, puesto que me veía bajando desde allí hasta Canto Cochino a collejas del Grupo de Rescate en Montaña, por ser unos palurdos y con toda la razón del mundo. Indagando entre los recovecos, Fernando encontró un hueco pequeño por el que se  vislumbraba un pequeño hito de piedras. Albricias, alguien ya había pasado por aquí y se había molestado en marcarlo, no estábamos perdidos.

Con los ánimos recuperados nos introducimos por ese hueco y conseguimos salir de esta, pero el laberinto seguía, por lo que proseguimos, pero con los ánimos ya un  poco más desgastados. Seguimos arrastrándonos y trepando entre piedras por el fondo del Hueco, enganchándonos constantemente en esos arbustos tan duros de corteza negra y que nos hacían juramentar en arameo, además Fernando había perdido el tabaco en  la Pradera del Yelmo, y estaba con mono, hasta que llegamos a otro punto de no avance, no retorno.  Rodeados por todas partes de piedras verticales y lo suficientemente altas como para no poder subirse a ellas  nos encontramos una vez más en una situación comprometida, por lo menos para nosotros. Después de varios intentos infructuosos de subida por parte de Fernando, yo para eso soy un cero a la izquierda, tuve la idea de que yo pusiera las manos cruzadas para que Fernando apoyándose en ellas ganara la altura suficiente como para poder subirse a las piedras, una vez arriba, Fernando me echaría una mano, y yo podría subir. Fernando me replico que pesaba mucho, pero mi única preocupación era salir de allí independientemente del peso de Fernando , y como dije antes sin la ayuda del 112 ¡que vergüenza!, así que mi replica fue cruzar las manos y hacer el ademán para que comenzará la operación. Fernando se impulsó en mis manos, subió y tendiendome la mano conseguimos salir de la segunda situación comprometida, y que alivio: además había otro hito de piedras. Seguimos nuestra aventura por el Hueco de las Hoces hasta que el mismo acaba, y el rastro de hitos que seguíamos nos lleva a la loma, formada por una roca gigantesca, que separa el Hueco de las Hoces del Barranco de los Huertos y parecía que veíamos en la otra ladera del barranco una senda practicable. En la losa de piedra descansamos, puesto que a mi las piernas me empezaban a temblar un poco de cansancio, y acabamos las existencias de líquido que llevábamos.

 

Tras unos 10 minutos de descanso y animados por la perspectiva de un camino transitable,  efectivamente luego supimos que ese camino que veíamos en la ladera opuesta a la nuestra es el que baja directamente desde la Gran Cañada a Canto Cochino, y de incluso ver a una pareja que también descendía, retomamos la marcha, todavía entre piedras y nuestra bien amada maleza de corteza negra y con una ruta de difícil transito. Una vez en el fondo del Barranco de los Huertos, vimos que por el mismo discurría otra senda, así que decidimos seguir la misma, sin remontar la ladera para tomar el camino que habíamos visto antes. Esta senda, con fuerte bajadas, piedras sueltas y algún que otro escalón para colosos, nos llevó hasta la explanada final que antes del cruzar el  río se encuentra antes de llegar a la carretera y el aparcamiento de Canto Cochino. Durante esta bajada tuve la sorpresa de recibir una llamada telefónica al móvil de MoviStar para ofrecerme alguno de sus productos, ¡Maldito marketing telefónico!, no tenía suficiente en concentrarme en mis piernas para que no temblaran y pudiera bajar sino que además tuve que hacer esfuerzos ímprobos para no mandar a la educada señorita a un lejano lugar. Esto hizo que Fernando se adelantara unos cientos de metros, lo que hizo que le perdiera de vista y tuviera que esperarme en la explanada.

 

Finalmente, en mi caso agotado y como un zombi, llegamos a uno de los bares de Canto Cochino donde nos dispusimos a dar cuenta de una refrescante jarra de cerveza que nos repondría los líquidos perdidos, puesto que fue un día con emociones fuertes y además el sol del fin del verano todavía calienta (e incluso quema. Yo estaba colorado como un tomate). Yo casi me tome la cerveza de un trago, pero Fernando no debía encontrarse muy bien puesto que no se la terminó. Su única preocupación era encontrar tabaco: en el bar no vendían y no encontraba fumadores que le dieran uno, hasta que encontró a una muchacha joven fumadora que le  dio uno. A Fernando se el cambió el rostro, y una vez tras el descanso, tomamos el coche y volvimos a Madrid sobre las 6’30h.

 

Ahora, y como ya he dicho, recordamos esta excursión con cierto cariño, después del sofocón que pasamos, y jugando con nuestros apellidos la hemos dado un nombre “Ruta de Torres de la Mezquita”, y también aprendimos que en la Pedriza seguir hitos de piedra sin sendero puede resultar peligroso: estábamos siguiendo a alguien que también se hallaba perdido.

 

14 de enero de 2009.

Juan Carlos (Charlis).

16/01/2009 20:26 Autor: Trote Cochinero. #. Tema: Rutas montañeras No hay comentarios. Comentar.

Subida a Abantos desde El Escorial

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17 de Enero de 2009

Presentación fotográfica del día

Descripción de Desnivel

Descripción de Klarin 

 Me recogió Alberto a las nueve. Y en menos de una hora, nos plantamos en El Escorial. Hacia una estupenda mañana, muy luminosa,  clara y fresca.

 

 

Nos tomamos un café para entonar el cuerpo, y nos pusimos en marcha.Salimos del pueblo por las empinadas calles y disfrutando de las antiguas casas Serranas de veraneo (que contraste con los horrorosos adosados que hay en la entrada del pueblo) Al poco rato llegamos al Euro forum y dejamos la carretera para tomar un sendero que ya picaba pa arriba. Este sendero arranca justo a la izquierda de la presa.  Una vez llegados arriba ya se contempla el pantano, que estaba congelado. El sendero da una tregua y va llaneando hasta llegar a la parte de atrás del pantano. Donde tomamos una senda forestal con una pendiente pronunciada pero tampoco extrema. Esta pista transcurre entre un denso bosque de pinos. El camino es bueno, pero había que tener cuidado en las zonas mas umbrías porque empezaron a aparecer las primaras placas de hielo.

 

 Seguimos avanzando sin problemas, como siempre íbamos charlando. Ya empezaron a aparecer los primeros restos de nieve, y la cuesta aumentaba la inclinación, pero vamos que la subí sin dejarme el pulmón. Al cabo de una media hora llegamos al final de la cuesta, donde había un hueco en la espesura abierto al valle con unas vistas preciosas.

 

Paramos un ratito a echar un piti y hacer unas fotos. La parte más pronunciada del recorrido ya la habíamos superado. Seguíamos subiendo, pero ya durante todo el camino la pista seguía suavemente. Ya todo estaba nevado con una buena capa, pero se caminaba bien sobre la nieve virgen. La temperatura era buena, hacia ya mucho rato que me desprendí del forro polar, y aun así sudaba, y ya estaba con el problema de siempre. Se me empañaban las gafas y no veía nada. A nuestra derecha se veía impresionante El Abantos, ya que en vez de subir directamente, lo estábamos haciendo por otra ruta más larga pero más fácil. Este camino sube por el monte de enfrente para una vez llegado a la cumbre, y cresteando se asciende Al Abantos por detrás.

 

Después de un rato de seguir subiendo llegamos al primer collado. Las vistas espectaculares se ve el otro lado de la sierra. El pico de la Almenara y ya a lo lejos Impresionante Gredos (en primavera los visitaremos).

 

Llegado a este punto ya atacamos la subida final, que por una ancha y nevada pista forestal y suavemente nos lleva hasta la cumbre del Abantos.

 

Bueno a la cumbre exactamente no subimos, sino a un picacho que hay como a unos doscientos metros. Donde hay una caseta de guardabosques con una terraza desde donde hay unas vistas privilegiadas de toda la sierra. Estas literalmente colgado en el vació.

 

Allí en la terraza nos sentamos a descansar. Momento que aprovechamos para almorzar. Corría una ligera brisa fría. Pero se estaba fenomenal, daba el solecito. Una vez más a vista de pájaro se ven los desmadres urbanísticos.

 

Pasada media hora decidimos empezar el descenso. Esta vez en lugar de regresar por donde subimos. Bajamos por la ruta más directa. Y tan directa, es una bajada en línea recta prácticamente, no es muy pronunciada la cuesta pero aun así hay que bajar con la reductora frenando. Y dada la longitud, al final cansa y se cargan mucho las piernas. Esta senda acaba en una carretera y la cogimos, pero una vez avanzados unos 500m nos dimos cuenta que íbamos en dirección contraria y volvíamos a subir. Dimos la vuelta y una vez encontrado el sendero correcto, continuamos hasta dar con un camino que tiene pinta de ser una antigua conducción de aguas tapada con losas de piedra, la cosa estaba un poco peligrosa porque estaban llenas de hielo. Esta parte del camino es muy bonita porque vas entre bosque cerrado y mucho musgo. Acaba en una especie de pantanito pequeñito.

 

Al poco tiempo llegamos a la parte posterior del pantano por el que habíamos pasado por la mañana. Lo bordeamos y al poco tiempo ya estábamos en el pueblo. Buscamos una terracita donde tomar un refrigerio y estaban todas llenas. Nos metimos en un bar a por las bien ganadas cervecitas. Luego nos fuimos a la lonja a ver un poco el Monasterio y para hacer unas fotos. Y de vuelta a casa.

 

Es una excursión que esta muy bien, porque se sube a bastante altitud pero se sube suavemente y sin machacarse. Y el premio de encontrarte colgado a mil setecientos y pico metros vale la pena. Total estuvimos caminando cuatro horas y media a ritmo suave, bueno a veces nos embalábamos y teníamos que bajar el ritmo. Fue un buen día y lo pasamos bien.

 

Dado que Charlis estaba pachucho y preparando su salto del charco, fuimos Alberto y yo,

 

Fernando.

 

 

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Descripción de Uxama

Bonita excursión desde el Monasterio que construyó Felipe II en conmemoración de la batalla de San Quintín. Este edificio de estilo herreriano, sobrio en sus formas y materiales fue el punto de partida de una marcha entre pinares.

Recogí a Fernando a las nueve de la mañana y en apenas una hora estábamos en el aparcamiento de la universidad María Cristina, junto a la gran explanada que resalta la belleza granítica de este emblemático edificio. Juan Carlos se había caído de la marcha por una inoportuna fiebre-gripal, así el grupo trotinero se redujo a dos, esto no impidió el paseo.

El día era frío pero soleado con una ligera bruma que limitaba poder degustar de las amplias vistas en la cima. A las diez y veinte, después del oportuno café con porras junto al Ayuntamiento de San Lorenzo del Escorial y con pereza inicial, comenzamos la travesía.

El principio es entre las calles llenas de casas de veraneo con un sabor antiguo pero con bastante gusto constructivo, son edificios con solera. Un poco antes del EuroFoum de Felipe II y nada más pasar un depósito de piedra en remodelación se coge un sendero junto al desagüe del pantano. Aquí ya pisamos por primera vez la nieve camino de la Horizontal. Poco a poco fuimos ascendiendo siguiendo unas placas metálicas azules con un ángulo rojo, camino del Puerto del Malagón (1590).

Era un placer atravesar entre los pinos pisando en tramos la nieve caída una semana antes, que se resistía a desaparecer en las zonas de umbría. Dando vueltas y revueltas ganamos altura viendo algunas vacas y caballos. Eran nuestros únicos acompañantes. Las primeras miraban de manera fija con ojos que me dieron a entender su poca comprensión de ver a dos locos ascendiendo al lado suyo. Hicimos una parada para observar el entorno en un mirador lleno de nieve, la placa oportuna nos informaba del nombre Mirador de los Alerces. Desde ahí se podía ver perfectamente el pantano de Valmayor y la caseta blanca de vigilancia que se yergue en el alto. Se veía toda la montaña llena de pinos con toques blancos de la nieve, la luz se reflejaba en esta y creaba un cuadro muy hermoso.

El frío inicial se convirtió en sudor generado por el esfuerzo de una ascensión en ciertos momentos agobiante, pero que llena de orgullo al verla sometida a nuestro empeño. Íbamos bien y contentos por la suerte de día que estábamos teniendo. Continuamos la excursión a nuestro ritmo más querido, puramente cochinero, entre pinos y piornal. La luz reflejada en los neveros helados me fascinaban y hacían unos encuadres preciosos. Ya en el alto del Malagón el suelo se lleno de nieve blanda y se podía ver el pantano y las tierras segovianas. Todavía nos quedaban otros doscientos metros de desnivel, ya mucho más suave. La fotos fueron imprescindible y el buen humor reinaba. Avanzamos por la carreterilla y con posterioridad por un camino forestal pisando nieve, en una más suave pendiente. Teníamos el valle a nuestra derecha con pinos silvestres y colores brillantes. Cuando la cabeza está rodeada de belleza las distancias se acortan.

En poco más de veinte minutos llegamos a la caseta de observación. Era la una y las vistas sobre San Lorenzo y del Escorial eran extraordinarias. Se pueden ver las cúpulas del monasterio y su forma de parrilla, en conmemoración del tipo de muerte que tuvo el santo, patrono de la población. También se pueden ver las colonias de adosados que se elevan hacia el monte, pareciendo que pugnan por ocuparlo, como si fuera un ejército a punto de emprender un ataque antiecológico contra una montaña de árboles apretados y defensores de su posición. También se puede ver el pantano de Valmayor y más allá entre una ligera bruma la ciudad de Madrid. En esta atalaya de 1755 metros se distingue la barrera montañosa de la sierra.

Nos sentamos en la terraza de rejilla de metal de la caseta de observación de incendios a tomar el bocadillo. Al resguardo del viento y absorbiendo los rayos del Sol se estaba cómodo. El bocata de foie-gras me supo a gloria y me hizo recordar mis meriendas infantiles. Estuvimos sentados media hora satisfaciendo los sentidos desde este mirador. La bajada la cambiamos y la hicimos más directa desde la fuente del Cernubal. La nieve era más abundante pero estaba blanda y no helada. Por momentos me imaginé tirándome sobre ella como si de colchón de plumón fuera, pero resistí la tentación para no mojar la ropa y la ligera brisa me dejara helado. El agua de la fuente era fría y cortaba aguantarla, pasaba los dientes.

Entre pinos y por un camino lleno de ramas secas transcurre el recorrido hasta llegar al pantano del Escorial. Para llegar a este cogimos un enlosado helado de piedra que tapa una canalización. Este fue uno de los trozos más bonitos. La umbría, los árboles y la nieve presentaban un cuadro melancólico y entrañable. A las cuatro de la tarde llegábamos de nuevo al inicio del recorrido. Estábamos satisfechos de la ascensión realizada y dispuestos a degustar una rubia cerveza que recuperara de los sudores padecidos. Estos bosque fueron cazaderos de Felipe II y gracias a Dios se han conservado para el deleite de los que se atreven a pasearlos con los ojos abiertos y con ganas de disfrutar de lo que les da la naturaleza.

Uxama

17/01/2009 23:15 Autor: Trote Cochinero. #. Tema: Rutas montañeras No hay comentarios. Comentar.

Subida con nieve por Cotos

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10 de Enero de 2009

Presentación fotográfica del día

 

 

 

17/01/2009 23:38 Autor: Trote Cochinero. #. Tema: Rutas montañeras No hay comentarios. Comentar.

Primer paseo trotinero (Plaza Castilla - Tres Cantos)

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29 de Marzo del 2008

Plaza Castilla – Tres Cantos.

 

Esta fue la primera salida del grupo trotinero. Teníamos una reunión preparatoria de San Guillermo de Arnoteguí pero decidimos que cuando terminara iríamos a dar un paseo por la primera etapa del Camino de Madrid.

 

Nos conocíamos y teníamos circunstancias comunes, habíamos sido elegidos guías de SGA y en breves días nos tocaría llevarnos a un grupo de chavales al Camino de Santiago. Teníamos un cierto nerviosismo por el reto que se nos presentaba, y necesitábamos charlar sobre nuestras inquietudes. Tres personas, tres vidas y tres circunstancias se ven enlazadas por un reto nuevo. La conversación rondó entorno a la tarea próxima. Durante este paseo profundizamos en nuestro conocimiento y fue el nacimiento del grupo trotinero, nos llevábamos bien y aunque diferentes nos respetábamos.

La reunión fue más larga de lo esperado pero a las 14:00 tras despedirnos del presidente y del vicepresidente y cargados con material a repartir en el camino, empezamos a andar siguiendo las flechas amarillas que nacen al pie de las torres inclinadas de Plaza Castilla y que llevan tras 680 kilómetros hasta Santiago de Compostela.

 

El día era fresco aunque lucia un maravilloso sol de principio de primavera. El cielo estaba claro y las calles  tranquilas, era la hora de comer de un sábado.

 

Enseguida llegamos a las 4 torres gigantes muy cercanas al hospital de la Paz. Estaban en construcción y se tuvo que hacer algún desvío.

 

 

  

 

Después pasamos la carretera de Colmenar y el Ramón y Cajal. En su proximidad hicimos una parada para degustar un pincho de tortilla y una cerveza. Apenas fueron quince minutos de reposo.

 

Continuamos por el distrito de Fuencarral y posteriormente hacia el cementerio donde se nos abrió el campo y nos libramos de las calles de la ciudad.

 

Siempre tengo una sensación rara cuando salgo de una grande, como Madrid, caminando. Me llena de libertad el verme suelto de las ataduras de edificios.

 

La conversación era agradable y el paso tranquilo. Yo estrenaba botas y todavía estaban reacias a adaptarse al pie.

 

 

  

 

Un poco antes de la valla del Pardo hay dos alternativas, la A que va pegada a la valla y a las vías del tren, en un continuo sube y baja, y la B que deja a la derecha las vías del tren en un terreno más amplio. Nosotros elegimos la segunda, no teníamos ganas de recorrer el rompepiernas de los badenes y terraplenes.

 

La tarde estaba soleada y a las cuatro de la tarde nos encontrábamos en las proximidades del Goloso, donde hicimos parada. Sentados debajo de un gran roble a tomar algunos frutos secos y algún sustancioso sándwich.

 

 

  

 

La conversación continuaba siendo el Camino y sus anécdotas. También hablamos de la organización de las próximas marchas. Teníamos una notable falta de información, que nos hacía sentirnos inseguros, pero muy animosos con un proyecto nuevo.

 

Estábamos unidos por el Camino emprendido, aunque de personalidades diferentes y temperamentos dispares teníamos la afinidad de un destino próximo.

 

A los veinte minutos reemprendimos el camino destino a Tres Cantos donde apenas tardamos cuarenta y cinco minutos.

 

 

  

 

La tarde se apagaba cuando cogimos el tren de vuelta. Sin saberlo habíamos creado un grupo caminero y sobre todo una amistad duradera. Estos pocos kilómetros se verían acompañados por muchos más en el futuro.

 

El recorrido es aburrido, pero para empezar a coger la forma física es suficiente. A nosotros nos sirvió para plantar la semilla de la camaradería trotinera.

 

Uxama.

24/01/2009 12:00 Autor: Trote Cochinero. #. Tema: Rutas montañeras No hay comentarios. Comentar.


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